Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 3 de julio de 2015

David González: Poemas Completos (16): El demonio te coma las orejas:




 30   PULVERIZADOR

         El boqueras desparrama el contenido
         de mi bolsa de viaje por encima de la piltra
y       examina, una a una, todas mis pertenencias.

         ¿Qué es esto?, me pregunta,

         cogiendo un tubo de espray nasal
y       poniéndomelo delante de las narices.

         Gotas para la nariz.
         Tengo el tabique nasal desviado y no respiro nada.

         Después registra en los compartimentos
         laterales de la bolsa de viaje y mira también
         en las asas. No encuentra nada. Entonces
         me dice que empiece a desnudarme. Empiezo
         por la camisa. La saco por encima de la cabeza,
         sin desabotonarla, y se la doy. Le aprieta el cuello.
         Sigo por los calcos. Los dobla. Los sacude.
         Revisa las suelas. El pantalón. Lo agarra
         por la cintura, lo palpa. Mucha gente esconde ahí
         las posturas de chocolate y las papelinas de caballo.

         Los calcetines.

        ¿Los calzoncillos también me los tengo que quitar?

        Si tienes complejos de cualquier tipo,
        el rabo pequeño por poner un ejemplo,
        aquí dentro se te quitarán todos de golpe.

        Agáchate y haz unas cuantas flexiones en cuclillas.

        Solo le falta meterme un dedo por el culo,
        el dedo índice, como en las películas.

        Las gotas me las voy a llevar.
        Hasta que le médico no te lo autorice, no puedes tenerlas.
        No te van a quedar más cojones
        que aprender a respirar por la boca.


         David González en El demonio te coma las orejas (1997 y 2008).







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