Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

lunes, 15 de junio de 2015

Revista Literaria La RaRa, nº 4, año 2015: Pedro Juan Gutiérrez:




ARAÑAS CARNÍVORAS (Extracto)

Ahora todos tenemos una vida más larga. En Cuba, como promedio, los hombres llegan a 75 años y las mujeres a 78. Es una tendencia mundial. El problema viene, supongo, al rebasar los 80. Ya el cuerpo y el espíritu están muy machacados a esa edad. Y a veces suceden cosas terribles. Acabo de leer que aquella sueca fabulosa de La dolce vita, Anita Edberg, vivía en las afueras de Rima en una casa a punto de venirse abajo. Ella, sin recursos, fue declarada en estado de indigencia e internada desde 2011 en un asilo de ancianos. Natural de Malmo, Suecia, quedó finalista en 1951 en el concurso Miss Universo. Participó en algunas películas hasta caracterizar a la liberal Sylvia, en La dolce vita, de Fellini, película que más que un clásico es todo un mito del cine. Su escena nocturna en la Fontana de Trevi es uno de los iconos visuales del siglo XX. Ahora la sueca acaba de cumplir 83 años, en un asilo. Nunca llegó a ser una actriz de primera línea. Vieja, pobre, fea y perdedora. No encontrarán su historia en ninguna revista. Sólo los triunfadores salen en las revistas, sonrientes. (...)



Pedro Juan Gutiérrez en La Rara, nº 4, 2015.






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