Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

lunes, 29 de junio de 2015

David González: Poemas Completos (12): Gijón Exprés:



 23   LA ESPERA

         cada persona es un mundo:

         esperemos que no sea éste:



         Nota de DG: El título, La espera, se lo puse para incluirlo en Sembrando hogueras (2001). Está en alguna de mis antologías personales.




 24    LOS TRAPOS SUCIOS

         Una de mis tías, M.,
         murió en casa de los suegros,
         en el cuarto de los invitados.
         Mi madre me había dicho una vez,
         refiriéndose al lugar:

         Esto es deprimente, David.

         La habitación era asquerosa,
y       daba a un patio de luces
         todavía más asqueroso.
         La ventana siempre estaba cerrada,
         la persiana a medio subir,
y       los visillos corridos.
         A mi tía tenían que bajarla
         casi todas las mañanas
         en una silla por las escaleras
         hasta la ambulancia,
         que estaba esperándola en la calle,
         delante del portal,
         para llevarla al Hospital Central
         a sufrir radiaciones.
         Primero le extirparon uno de los pechos,
y       a los dos años o así, el otro.
         Pero no hubo manera.
         Los suegros y el marido
         estaban con ella cuando murió.
         Por lo que se ve, intentó incorporarse,
         apoyándose sobre los codos,
y       su suegro, un cabrón de mierda
         que quiera Dios que a la hora de morir
         sufra todas las ánimas del purgatorio
y       que yo esté allí para verlo, dijo:

         Ya está. Menos mal que por fin se acaba esta historia..

         La cabeza de mi tía
         aún no había tocado la almohada
y       ya tenía un brazo por detrás del cuello,
         una mano destapándole las sábanas
y       otro brazo por detrás de las rodillas;
         total, que la levantaron en el aire,
         sacaron a toda prisa sábana, colchas y mantas
y       las arrojaron a la lavadora.
         Esa tarde, uno de los sobrinos de mi tía,
         un quinqui de esos que andan por ahí,
         estaba preguntándole a su tío:

¿Y    qué vas a hacer con todo ese mogollón
         de pastillas que te han sobrado?

         Se refería a los comprimidos que le daban
         a mi tía para calmarle el dolor,
         Buprex, me parece que se llamaban.

¿Y     qué quieres que haga con ellas?
          Pues tirarlas a la basura, ¿por?

          No, por nada, es que es una pena,
          están puliéndolas en la calle a un talego cada una.

         Cuando me abrí de aquella casa
         la lavadora seguía funcionando a todo trapo,
y       según tengo entendido
         estuvo funcionando hasta bien entrada la noche.


         Nota: Este título, Los trapos sucios, se lo puse para incluirlo en mi libro Ley de vida (1998). Y aparece también en el volumen 1 de El lenguaje de los puños (2014). A propósito de esto, he de decir que es casi como una marca de estilo el trasvasar poemas de algunos libros a otros, como una forma de dar a entender que ya cambie de temática o de registro o de tono, mi voz, de algún modo, sigue siendo la misma a lo largo de los años y de los libros. Así ha de entenderse.


         David González en Gijón Exprés (1995).


         


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