Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 19 de mayo de 2015

Leslie Kaplan: El exceso - La fábrica (y 2):


Una no sabe nada de dinero, es tan pequeño.

Una suele ir al Monoprix.

Una entra. Colores. Los objetos se extienden en sus cajas,
destacados.

Una pasa entre los rayos. Una toca un poco.
Una se ve en las lunas, en los espejos.

Una se prueba un vestido u otro.
Las cosas, se las quiere por ellas mismas.

Una se mueve en la luz vacía.
Alrededor, las líneas, las formas bien distintas.

Una mira. Mira la vida fácil de los objetos.




Una está en el taller donde está la cadena.
Una se sienta. La cadena va a comenzar.
Aire palpable, memoria blanca.
Una está allí, una se sienta. Taburete. Cartones.

El techo es muy alto. Hay pilares.
El taller flota un poco. Aire espeso, techo alto.
La cadena rueda monótona en medio de los cartones.

Los cartones son fáciles, se hacen con las manos.
Una tiene las manos en otra parte, una piensa.
El pensamiento es pegajoso.
Alrededor, el taller.
En el aire espeso, bajo el alto techo, una hace cartones,
una piensa.

El pensamiento no sale, permanece en el interior.
Nada se deshace, una piensa.



Leslie Kaplan en El exceso - La fábrica (Libros del Último Hombre, Arena Libros, 2014).

Traducción de Isidro Herrera y Meritxell Martínez.

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