Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 19 de mayo de 2015

La Buena Letra presenta a Los González: David & Manuel: Campanas de Etiopía & Diario de una tristeza: 2º Toque:


Que por lo menos no se diga que no lo he intentado:



GRANADINA - 2 fragmentos

El camino de barro, un camino recto, terminaba en una luz, débil y mortecina. Una luz de mariposas, mosquitos y tábanos. Procedía de una bombilla desnuda y sucia que iluminaba un letrero y una puerta de madera, rústica, por la que Garra y yo, yo por delante, entramos en la chigrería. Entrar nosotros y hacerse el silencio fue todo uno. Los chiquillos más inquietos, los más revoltosos, dejaron de corretear y saltar alocadamente de un lado para otro, de aquí para allá, echándose, asustados y expectantes, al cuello de sus madres, algunas de ellas, las menos, todavía de muy buen ver, o agarrándose a las perneras de los pantalones de tergal de sus padres. Hasta las criaturas de pecho, fíjate lo que te digo, cesaron en su insoportable llanto. Las fichas de dominó y los naipes de las barajas, en especial aquellos con los que los jugadores de tute arrastraban o cantaban las veinte o las cuarenta, agradecieron de todo corazón aquel tiempo de descanso que les concedía nuestra singular aparición en escena. (...)




Garra, sin dar la menor muestra de cansancio, seguía sosteniéndome en alto, delante de él, a modo de escudo del que se ayudaba para abrirse paso entre la atenta, bruta y nutrida concurrencia. Avanzábamos hacia el fondo, hacia mi fin, siguiendo el curso tibio de un alto y largo mostrador de mármol negro. Al miedo que sentía, se unió ahora un sentimiento nuevo, uno desconocido para mí, un sentimiento de vergüenza. No por lo que había hecho mal y ahora, en breve, se me iba a imponer un castigo ejemplar, severo o quizá, con suerte, solo a reprender de viva voz, sino por lo que la situación tenía de embarazosa y ridícula: mi aspecto de marioneta cuyos hilos manejaba el musculoso brazo de Garra. (...)







EL LIBRO DEL MUNDO

Un día decidí entregarme
pero la luz devolvió otro diferente.
Ríos de carbón limpiaron el exilio
de mis adentros.
Leí el libro del mundo,
era de color azul,
comenzaba con la página del presente
y el dibujo de un puente invisible.

Di el primer paso descalzo
con el mismo frío de un adiós definitivo,
y me asomé al mundo
detrás de la última puerta
cerrada a mi espalda.




ILUSIÓN

Ilusión.
¿Dónde te has quedado?
Ven esta noche,
pero ven sólo para mí.
Quiero devolverte mis estrellas apagadas.






A nosotros, a Manuel y a Nieves y a mí, lo que nos haría ilusión, verdadera ilusión, es que vinieras a escucharnos recitar nuestro material ;-)



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