Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 15 de mayo de 2015

Javier Vayá Albert escribe sobre Campanas de Etiopía :-)

Siento un profundo respeto por aquellas personas que escriben sobre mis libros. Significa que han invertido un tiempo de su vida, el que sea, en leerlos y otro más, el que sea también, en escribir sobre ellos, y tiempo, aparte de otras muchas cosas, es lo que nos falta a la mayoría de nosotros. Si encima esas personas escriben bien, o más que bien, muy biencomo en este caso, sobre lo que uno ha hecho, entonces uno solo puede, y debe, mostrar su agradecimiento: en consecuencia, Muchas Gracias, Javi, tío, por tus palabras, trataré de hacerlas buenas, y Muchas Gracias también a La Huella Digital, revista universitaria, por acogerlas en sus páginas. Te facilito el enlace a  la revista, aunque también lo consignaré aquí por escrito:







CAMPANAS DE ETIOPÍA, POÉTICA DE LA REALIDAD

David González apuntala y da varios pasos más allá en la prodigiosa construcción de su imprescindible y genial universo literario. Una contundente obra maestra, lección única de vida y compromiso poético.

Parece casi imposible hallar algún texto sobre David González en el que inmediatamente no se encuentren los términos "poeta maldito" o "realismo sucio". Da la impresión de que para acercarse a la poesía del de Gijón fuera necesario tratar de definirla de antemano. Sea como fuere, quien mejor lo ha hecho es Natalia Salmerón Suerto acuñando el término "poética de la consciencia" en Aquello que conservamos después del naufragio, el fantástico libro que la editorial Origami regala junto a Campanas de Etiopía y que contiene el proyecto de final de carrera que Natalia realizó sobre la obra de David González. Una exquisita profundización sobre la figura y literatura del poeta. Personalmente me atreveré a asegurar que David González es uno de los mejores poetas vivos, no solo del panorama nacional.

Campanas de Etiopía, el nuevo libro del autor, es una clara muestra de lo que digo. González no solo apuntala su genial y único universo literario, sino que da varios pasos más allá en cuanto a virtuosismo técnico y concepción poética. Para colmo, parece ser solo el principio de lo que se adivina una serie de libros antológica y maravillosa. Así lo indica el subtítulo: Los que viven conmigo. Cuaderno I. Un libro en el que el autor aúna poesía y relatos con una brillantez insultante para los que alguna vez hemos dilatado con la pluma y con apabullante cohesión. De hecho se podría decir que tanto la prosa como el verso de González son un todo diferenciado en la extensión, ya que en ambas disciplinas hallamos la magistral contundencia lírica, el inmenso realismo elevado a la categoría de puro arte del que hace gala el autor.

En este sentido, el relato que da nombre al libro, "Campanas de Etiopía" o "Gentes del bronce", por ejemplo, rezuman una poética que traspasa el papel y eriza la piel gracias a esa capacidad inmensa para el detalle, para la evocación de lo mínimo expandido a lo universal. Por supuesto, aquí está la deliciosa vehemencia, la rabia necesaria y genial de David González, las lecciones de vida, denuncia y posicionamiento siempre ineludibles del gijonés, pero también sorprende gratamente cierta tendencia a la caricia del verso como en "Fábula", "Primavera" o "Ascensión". El autor construye sus poemas con la férrea consistencia del artesano y con, más que un estilo, una voz única e indispensable. En ellos, el uso de la cursiva como intención, las citas al pie y no arriba como continuación de un diálogo, los nombres en minúscula salvo los de las mujeres y el tono confesional y conversacional, siempre interpelando al lector, siempre empujándolo a habitar el poema, forman un libro de exactitud literaria en todos los sentidos posibles.

Campanas de Etiopía es un absoluto prodigio, otro logro de David Gonzáez, el poeta que bajó (a hostias) a la poesía de su pedestal y la situó de nuevo al pie de la calle. El escritor que "escribe con conococimiento de causa, de causa perdida".


Javier Vayá Albert en La Huella Digital, 14 de mayo de 2015.


Aprovecho, ya puestos, para agradecerles a dos grandes poetas, Ana Vega y Gsús Bonilla, sus menciones en estas entrevistas:






Muchas Gracias :-)



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