Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 3 de abril de 2015

Buenas tardes: José Luis Argüelles: David González después de los 50:

El domingo 29 de marzo apareció en el diario La Nueva España, con la firma de José Luis Argüelles, en la sección El callejón de las fieras, un artículo en muchos aspectos esclarecedor, David González después de los 50, artículo que, como digitalmente solo está disponible para suscriptores de dicho periódico, he decidido transcribir en este cuaderno de bitácora:




DAVID GONZÁLEZ DESPUÉS DE LOS 50

* Guerras de la poesía española
* De Cimadevilla a la consciencia
* El malditismo como fidelidad

  Hace años escribí, no sin un cierto tono enfático, que los versos de David González resonaban como un látigo en los templos que custodian los sacerdotes del canon, o algo así. Me refería tanto a la singular dicción del poeta de San Andrés de los Tacones como a los asuntos de sus textos, tomados con las manos del pozo de las realidades cercanas y de la misma biografía. Hubo quien me reprochó aquellas palabras, como si uno estuviera todo el día de hinojos en el reclinatorio de Pessoa, Vallejo, Cernuda y otros bardos de alto voltaje lírico; como si uno, en fin, viviera en la realquilada torre de marfil a la que no llegan las voces y los ecos de sus contemporáneos.
  "Me gusta mucho lo que escribes, menos cuando hablas bien de David González", me llegó a decir un temido crítico, acostumbrado a preceptuar quiénes son buenos y malos poetas. La guerra de traigas que padeció la poesía española en los años ochenta y noventa, con unos y otros tirándose los endecasílabos a la cabeza y amenazándose con epigramas, fue dañina y ridícula. Y sin embargo, buena parte de la historia de la literatura es la crónica de los enfrentamientos entre banderías hostiles. Hay quien ya no se acuerda cómo se las gastaban, por ejemplo, Quevedo y Góngora, por recordar a dos de los mejores. Al final es el tiempo, ese lector sin amigos, el que dicta sentencia y acierta o se equivoca.
  Me desagradan los sectarismos y leo sin prejuicios. Nunca he visto en esta actitud un inconveniente para defender mis ideas, más bien al contrario. Y estoy convencido de que hay quien rechaza los poemas de David González desde la ignorancia, sin haber leído un solo verso del autor gijonés. Últimamente tenía algo perdida la pista al poeta de Cimadevilla, al escrutador de los días y las noches (más estas últimas, me parece) del barrio alto. Así que me llevé una alegría cuando, tras arribar a mi empapelada mesa en el periódico (yo, pobre de mí, ni siquiera tengo piscina a la que arrojar la mucha letra que me llega todas las semanas), me encontré dos libros de la blanquinegra editorial Origami (volúmenes como vencejos, muy americanos), firmado uno por David González ("Campanas de Etiopía") y el otro por una muchacha madrileña, ya filóloga, que ha escrito un muy oportuno e interesante estudio sobre el autor de "Reza lo que sepas" y "Algo que declarar".
  Natalia Salmerón Suero, que así se llama la risueña investigadora (lo digo por la foto de la solapa, muy simpática), hace trizas otras fichas sobre los poemas de David González (que si poesía de la conciencia, que si realismo sucio y otras zarandajas) para afirmar que el gijonés se inscribe en lo que ella llama "poética de la consciencia". Puede ser, pero son ganas de clasificar y de matizar lo que el poeta viene repitiendo desde hace años con término también discutible, que lo suyo es poesía de no ficción. Este ensayo se completa con una amplia entrevista en la que el autor estudiado nos ofrece algunas útiles opiniones y confesiones. Mientras leía "Campanas de Etiopía" (poemas y textos en prosa narrativa) me he dado cuenta de que su autor, que nació en 1964, arrastra ya medio siglo a sus espaldas sin que esos cincuenta años largos afecten a la idea y la rabia de sus versos. Sigue siendo el poeta que escribe desde los márgenes del cuaderno de la actual poesía, ateniéndose a sus ritmos y sus invenciones formales. Yo no sé si uno es escritor maldito por vocación o imposición social. Tampoco importa. Es siempre una posición moral frente al mundo. Y mantenerse fiel a uno mismo después de cumplir los cincuenta es tan duro como ser adolescente toda la vida.


José Luis Argüelles en el diario La Nueva España, 29 de marzo de 2015.





Nota de David González: Le agradezco a José Luis Argüelles este artículo. Sobre todo por su valentía al mencionar al "temido crítico". A mí, a estas alturas de la vida, solo me queda ya confiar en que el Tiempo acabe siendo mi amigo y no el suyo.




Y te dejo también con el enlace al diario:



Y ya puesto, aprovecho la ocasión para postear otros sitios web en los que han tenido la deferencia de mencionarme con relación a mi trabajo como escritor:

















A todos MUCHAS GRACIAS :-)



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