Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 8 de abril de 2015

Buenas tardes: Charles Simic: El monstruo ama su laberinto (2):



Un poema es como robar un banco: la idea es entrar, dar una voz, hacerse con el botín y salir.



Prefiero las teclas negras.
Prefiero las luces tenues.
Y prefiero las mujeres
que saben beber a solas
cuando me inclino ante el piano
buscando las notas justas.


El periódico enrollado con el que sale a matar moscas tiene la foto del presidente en primera página.




El poeta es como un charlatán compulsivo en un entierro. La gente le da codazos y le ordena callar, él se disculpa, reconoce que sí, que no es el sitio adecuado, etcétera, pero es incapaz de cerrar el pico.


El puesto de carretera
era un sitio de primera.
Los dos en una cuneta
y tú meando en cuclillas,
dejando ver las rodillas
con la falda mal sujeta.


El papel de todo periodista patriota es justificar los crímenes que nuestro presidente y su administración han cometido.



Charles Simic en El monstruo ama su laberinto (Vaso Roto Ediciones, 2015).

Traducción de Jordi Doce.


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