Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 14 de abril de 2015

Buenas noches: Mary Jo Bang: El claroscuro del pingüino (y 2):





LAS CHICAS SE VISTEN BIEN PARA ELUDIR EL CAOS

Detenerse es ceder.
¿Qué era lo que él estaba buscando? Una fruta paradisíaca
    que se sostendría
contra la luz, convertirse -a tiempo- en un diáfano
    perico verde
detrás del cual. ¿Qué? Ella había visto fotos

del espacio que le pusieron la piel de gallina: gotitas y
    polvo suspendido
en una iridiscencia azul índigo, ambos esperando que
   una fuerza actúe sobre ellos.
Ese día se vistió de negro, con medias
transparentes, pendientes caligrafiados, toques de
    rubor con rojo sangre debajo.

Ella dijo: A veces es más sabio no ver, inducir un trance
    de la vista
donde la ceguera borra el temblor de la cuerda a punto
    de cortarse.
Menos puede mejorarse con menos. Conocía
    la forma
de disimular y la forma de abrir una lata con un cuchillo-
    Conocía a la Dulce Delicadeza

y su fría amiga, Necesidad, vivía a sólo dos paradas
en un continuun tenso como un alambre. Así como los
    labios bien definidos formaban una puerta,
las habitaciones detrás se llenaron de demonios que
    seducían y besaban con lascivia-
piedras dispersas, ruido de cadenas, hombres afeitados.



Mary Jo Bang en El claroscuro del pingüino (kriller71 ediciones, 2013).

Traducción de Patricio Ginberg y Aníbal Cristobo.



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