Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 12 de abril de 2015

Buenas noches: Las Campanas repicaron en León y Valladolid (y 2):

En Valladolid seguían conmigo los cielos negros. La lluvia descargó poco antes de entrar en la librería A pié de página. Como en él es habitual, Enrique Señorans, haciendo honor a su apellido, un señor, me dio, como a todos los poetas que pasan por allí, un exquisito trato. Así da gusto recitar, es lo que pienso siempre que entro en su librería para leer mis poemas o presentar mis libros. Para los lectores de poesía su librería es algo así como una iglesia para los que huímos de los vampiros: Un lugar de salvación. En esta ocasión, leí un relato breve, La tienda de las jaulas, cosa que no recuerdo haber hecho antes. La poeta vallisoletana Carmen del Río Bravo le puso la voz a uno de los personajes femeninos que aparece en este relato, a mi madre nada menos. Gracias. El público, como siempre que he ido, pendiente de las palabras de cada poema. También participativo, ya que coreó conmigo el estribillo del poema Revolución que, previamente, les había revelado. En resumen, más no se puede pedir. Allí se dieron cita gente que luego estarían y recitarían en el bar El desierto rojo, como Chapu Valdegrama, Isabel, Pablo, Guillermo, Jacob Iglesias, que quizá pronto nos de una agradable sorpresa, y más amigos y poetas de los que ahora, lamentablemente, no recuerdo el nombre, y a los que desde aquí pido disculpas por mi mala memoria para los nombres. Todos ellos hicieron de esta lectura-presentación algo muy cálido, comunicativo y hermoso en definitiva. Uno se siente realmente arropado con estas personas. Muchas Gracias, de  todo corazón. Y llegado a este punto, antes de continuar con el bar El desierto rojo, te dejo con algunas fotografías que me hizo durante la lectura en la librería A pié de página el fotógrafo Jorge Lázaro, al que luego daré las gracias:











Lo que importa 4

no importa

si es con agua
cava cerveza
champagne vino
sidra sake
tequila o whisky:

importa esto:

el brindis:

Lo que importa 4: último poema del recital.





Antes de entrar a la librería, a eso de las siete y media o así, estábamos en un bar, fuera, un grupo de gente, y me dio por comentarle a Carmen del Río Bravo que se me habían acabado las tiras reactivas con las que medirme el azúcar en sangre y que tendría que ponerme la insulina a ojo de buen cubero. Entonces tiró de móvil y llamó a farmacias, llamó al hospital y finalmente dio con un centro de salud de guardia que me facilitaría unas cuantas tiras para salir del paso. Al finalizar la lectura, Pablo nos llevó en su buga a dicho centro de salud, donde me dieron las tiras reactivas inmediatamente. Esto que acabo de contar, no termina aquí. Luego lo cuento. Antes vamos con el bar El desierto rojo. Para empezar: tiene una acústica cojonuda, un escenario muy guapo y un micrófono que sonaba muy bien. También había bastante gente.  Y la decoración de bar es realmente espectacular. Todos los viernes se celebran aquí sesiones de micro abierto, en las que recitan los poetas que antes leen en la librería de Enrique Señorans, los poetas del colectivo Susurros y, en general, cualquier poeta que tenga algo que decir y quiera decirlo. Cada viernes, a partir de las diez de la noche y hasta las doce, tiene lugar una de estas sesiones, a las que cada vez acude más público. En la que a mí me tocó recitaron cantidad de poetas y había un buen nivel poético. Y gente que recitó muy bien, como Javier Pinar, que ofició de presentador:




Desde la frente hasta atrás (recitando La autopista)


Algunos de los poetas:







Y parte del público que convirtió El desierto rojo en un verdadero oasis de poesía:




El caso es que yo abrí fuego con el poema La autopista, recité unos 15 minutos y le pasé el micro a la siguiente poeta, que leyó 2 o 3 poemas y luego se lo pasó a otro poeta y así sucesivamente, hasta que finalizó la primera parte y todos salimos fuera a fumar uno o dos cigarrillos y a charlar. Me encontré con una profesora de literatura que hace años, cuando todavía salía con Chica, me llevó a recitar a un instituto de enseñanza secundaria de Cuéllar y que había pasado por allí casualmente y al ver el cartel con mi nombre decidió quedarse a escucharme. Lamento no recordar su nombre. La poeta Irene de Witt se acercó a felicitarme y a que le dedicara un ejemplar del libro. Es una poeta joven, pero que recita y escribe bastante bien, y que, estoy seguro, nos deparará muy buenos poemas. Después dio inicio la segunda parte del recital, donde salieron a recitar más poetas, y que cerré yo leyendo unos cuantos poemas, entre ellos un inédito que subiré al final de este post, que ya se va acercando. Antes, ahora sí, las gracias al fotógrafo Jorge Lázaro, autor de todas las fotografías de este post hasta aquí. En resumen: Así, con este público, con estos poetas, da gusto recitar. Como Jorge M. Molinero, poeta al que sigo con interés desde hace tiempo. Sandra, su prima, se pasó antes del recital en A pie de página, para que le firmara un ejemplar de mi libro, ya que le era imposible quedarse. Me dijo que había descubierto mi poesía poesía gracias al blog de su primo, lo que me reafirma en la importancia que tiene difundir en nuestros blogs o en las redes sociales la poesía de esos poetas que, por la razón que sea, nos molan, y no únicamente la nuestra propia, algo que llevo haciendo hoy todo el día con la mía. Sorry. Poetas como Mercedes, que me traía un ejemplar de mi poemario El demonio te coma las orejas, edición del 2008, para que se lo dedicara. Lo único que me jode es no poder recordar todos los nombres de la gente que leyó. Mis disculpas. Te dejo con esta fotografía con la poeta Irene de Witt:




Una vez en el hotel, el hotel Catedral, a eso de la una de la madrugada, medí mi azúcar en sangre. 24 mg. Me tomé 3 sobres de azúcar y un sandwich. Encendí un pitillo. Volví a medirme porque empecé a sudar, y eso es señal de un bajón de azúcar. Tenía 26 mg. Comí otro sándwich, un donut y cuatro sobres de azúcar más. Volví a fumar. Los sudores no remitían. Volvi a medirme. Ahora, 70. Me tomé una Coca-Cola del mueble bar.  Entonces, como supuse que el azúcar seguiría subiendo, empapado en sudor, me puse a dormir, como dos horas después. Cuando desperté, volví a medirme. Tenía azúcar suficiente como para fumarme un pitillo e ir despertando, ducharme con tranquilidad e ir dando un paseo hasta la estación de autobuses para quemar la sobrante, antes de desayunar. Lo que quiero decir es esto: Si no llego a disponer de tiras reactivas, es probable, más que probable, que solo me hubiera medido la primera vez, me hubiese puesto a dormir y vete tú a saber lo que habría sucedido. Nada bueno. Así que, al conseguirme las dichosas tiras, puede que Carmen del Río Bravo me haya salvado la vida. Yo creo que sí. Y tenía que contarlo. Es de justicia. Encima tuve un buen viaje de regreso y llegué a Gijón, con 20 grados de temperatura y el sol luciendo, y esto también es otra buena señal. Y ahora el poema inédito, y tranqui: con este post se termina el autobombo: mañana, lunes, este blog vuelve a la normalidad:


        FULL METAL JACQUET

        de pie
        en posición de firmes
        en uno de los estantes
        de mi biblioteca
        una bala de no sé qué calibre:

        una bala de plomo en todo caso
        con camisa de cobre o de latón:

        una bala blindada
o      full metal jacquet
        de punta hueca además:

        una bala que robé
        en casa de un narcotraficante
        en casa de jeremiah johnson
        una vez que fui a comprarle
        medio gramo de caspa del diablo:

        el mismo diablo que carga las armas:

        no con esta bala como es natural:
        no con esta bala que en realidad
        no es una bala sino más bien

                  una vida

                  que alguien

                  me debe:



        David González. Poema inédito.



        En definitiva: Dos días, en León y en Valladolid, en el bar Móngogo y en la librería a Pie de Página y en el bar El desierto rojo, que, en lo que a mi memoria y a mi corazón respecta, ya son inolvidables. La gente con la que estuve y la gente para la que recité los hicieron así: Inolvidables. Muchas Gracias.


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