Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 13 de abril de 2015

Buenas noches: Édouard Louis: Para acabar con Eddy Bellegueule (1):


Esta novela, Para acabar con Eddy Bellegueule, del joven escritor Édouard Louis, es una jodida maravilla. Me veo en la obligación de tener que incumplir mi palabra y recomendártela encarecida y vivamente. Para mí, la mejor novela de un autor extranjero que he leído en muchos, muchos años. Te la resumo: Es una novela autobiográfica, o eso se nos dice, en la que el joven Eddy Bellegueule decide, por razones que nadie podría reprocharle, renegar de su familia, de su clase social y hasta de su propio nombre y apellidos para convertirse en Édouard Louis. Y ya. Tendrás que confiar en mi palabra. A esto se le llama fe. Pero por si no la tienes, fe en mi criterio, te dejo con dos párrafos:


   No era infrecuente que oyera decir Es un poco especial, el chico de los Bellegueule o que las personas a quienes dirigía la palabra se les escapasen sonrisas burlonas. Pero, a fin de cuentas, como era el raro del pueblo, el afeminado, despertaba cierta fascinación divertida que me ponía a buen recaudo, igual que a Jordan, mi vecino de la Martinica, el único negro en kilómetros a la redonda, a quien le decían Es verdad que no me gustan los negros, ahora no ve uno más que negros que causan problemas en todas partes, que pelean en guerras de sus países o que vienen aquí a quemar los coches, pero tú, Jordan, estás bien, no eres como los demás, y nos caes bien.





Creía que acabaría por acostumbrarme al dolor. En cierto modo, los hombres se acostumbran al dolor, igual que los obreros se acostumbran a los dolores de espalda. A veces, cierto es, el dolor vuelve por sus fueros. No es que se acostumbren, se apañan con él, aprenden a disimularlo. Tengo recuerdos de mi padre, quien, al alcanzarlo el dolor, berreaba, se pasaba la noche soltando gritos penetrantes en la habitación contigua por sus problemas de espalda, llegaba incluso a llorar, y del médico, que venía a ponerle inyecciones de cortisona antes de que mi madre empezase a hacer preguntas ansiosas Pero ¿cómo vamos a pagar al matasanos? Mi madre que decía (también) En esta familia los dolores de espalda son genéticos y luego la fábrica se le hace dura sin darse cuenta de que esos problemas no eran la causa sino la consecuencia del tipo de trabajo agotador de la fábrica.



Édouard Louis. Para acabar con Eddy Bellegueule. Ediciones Salamandra, 2015. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Fotografía de cubierta (que es la foto de Édouard Louis): Felix Ledru.


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