Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 8 de marzo de 2015

Buenos días: Susan Griffin: Respuesta a la pregunta de un hombre: "¿Qué puedo hacer por la liberación de la mujer?:




RESPUESTA A LA PREGUNTA DE UN HOMBRE:
¿QUÉ PUEDO HACER POR LA LIBERACIÓN DE LA MUJER?

Lleva un vestido.
Lleva un vestido que tú misma has hecho,
o has comprado en una tienda.
Lleva un vestido y bajo el vestido lleva elástico,
alrededor de tus caderas y bajo tus pezones.
Lleva un vestido y bajo el vestido lleva una toalla sanitaria.
Lleva un vestido y lleva zapatos con tacos altos.
Lleva un vestido con elástico y una toalla sanitaria debajo
y zapatos de tacos altos en tus pies
y camina cuesta bajo por Telegraph Avenue
e intenta correr.

Encuentra un hombre.
Encuentra un hombre bueno que te gustaría que
te pidiera una cita.
Encuentra un hombre bueno que te pedirá una cita.
Mantén tu vestido puesto.
Pídele al hombre bueno que te pide una cita,
que venga a cenar contigo.
Prepárale al hombre bueno una cena exquisita
y que la cena esté pronta antes de que llegue
y tu vestido es bonito y limpio y lleva una sonrisa.
Dile al hombre bueno que eres virgen
o que no tienes nada para evitar
o que te gustaría conocerlo mejor.
Mantén el vestido puesto.
Anda sola al cine.

Encuentra un trabajo.
Plancha tu vestido.
Lleva tu vestido planchado y prométele al jefe
que no quedarás encinta (en tu caso es predecible)
y que te gusta
escribir a máquina
y sé sincera y lleva tu sonrisa.
Encuentra un trabajo a acógete al seguro social.
Pide prestado un niño y acógete al seguro social.
Pide prestado un niño y quédate en casa 
todo el día con el niño,
o anda a un parque público con el niño y lleva al niño
a la oficina del seguro social
y llora y di que tu hombre te dejó
y sé humilde y lleva tu vestido, tu sonrisa,
y no repliques, mantén el vestido puesto,
prepara cenas exquisitas, aléjate
de Telegraph Avenue,
y aún así, nunca sabrás
ni la mitad, ni en un millón de años.



Susan Griffin en Nuevas voces de Norteamérica (Plaza & Janés, 1981).

Traducción de Claribel Alegría y D. J. Flakoll.


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