Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 10 de marzo de 2015

Buenos días: Eduardo Izquierdo: Debo ser muy buena presa cuando tengo tantas escopetas apuntándome (2):

Lo dije ayer. Una semana de mierda. Y solo estamos a martes. Así que sigo con otro texto de esta novela sobre El Cabrero. Con un texto que habla de algo de lo que, a mi juicio, carece gran parte del mundillo poético español: dignidad.




 Y me han dao la razón. Casi siempre me la han dao. Como cuando querían que cantara en Moguer. Si me acordaré yo. Nos contratan pá cantar en una peña y me dicen que la gente pagará un precio de risa. Y luego les ponen 400 pesetas de entrá y venden 800 pases. Pues yo no canté. Y eso que me querían triplicar lo que me pagaban. Pero ya no es una cuestión de dinero, es una cuestión de dignidad. Y eso se tiene o no se tiene. Y ellos no la tenían, pero yo sí. Me revienta que intenten engañarme con una rama de olivo, como a los borregos. Yo allí no cantaba por ningún precio. Pero me llevaron al juzgao. Y allí me dieron la razón. Aunque los hijos de mala madre llamaron a toas las peñas pá decirles que no contrataran al Cabrero. Como si hubiera sido culpa mía. Que yo no les engañé, que fueron ellos a mí.



Eduardo Izquierdo en Debo ser muy buena presa cuando tengo tantas escopetas apuntándome (Ediciones Lupercalia, 2º edición, mayo 2014).


2 comentarios:

  1. Espero que vaya a mejor la semana, David. Increíble El cabrero, al que sigo desde hace tiempo ya, muy interesantes ambos textos (este y el de la entrada anterior). Un abrazo fuerte colega.

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  2. Va a mejor, Alejandro. Me alegra mucho tu opinión sobre El Cabrero. Es de los nuestros. Otro abrazo fuerte, y solidario, poeta.

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