Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 6 de enero de 2015

Roald Hoffmann: 1 poema:




JUNIO DE 1943

Otros regresaron mucho después
de acabar la guerra, así que yo estaba seguro
que tú no estabas muerto, padre.
Cuando te conducían por la ciudad,
probablemente escapaste,
corriendo. Era otro al que habían disparado
en tu lugar. Un día
tú volverías,
flaco, raído, para contar historias
de los pantanos donde te escondiste.
Un día volverías,
recorriendo un largo camino desde Rusia.

Y cuando me fallaste
y no viniste, le pedí a mi madre
que me contase una vez más
lo que había pasado,
y me obligué a entrar en la mente
del judío que te delató
oh padre mío,
el que reveló donde ocultabas tus armas,
tus planes de fuga.
Yo le hablé de tu valor.

Cuando esto no sirvió, padre,
soñé que tenías poderes,
que podía bombear vodka
en la sangre, paralizar
al policía ucraniano
que disparó su arma
cuando atacaste al jinete de las SS.

Y cuando esto también falló,
oh padre,
cerré las persianas
y les torcí el rostro
a las personas forzadas
a mirar en la plaza,
para que no pudieran verte caer,
para que no pudieran oírte decir,
dos veces, el nombre de mi madre.


Roald Hoffmann en Catalista, poemas escogidos (Huerga & Fierro, 2002).



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