Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 19 de enero de 2015

Matthew Sweeney: 2 poemas:


EL FRÍO

Tras la interminable borrachera,
y la insulsa acrimonia,
se lanzó a pie hacia el mar,
una milla al menos bajo el viento,
entre hileras de coches estacionados
en zig zag y el sonsonete de la disco, dejando
atrás farolas, aunque de requerir luz
las estrellas le habrían bastado:
bajó a la playa bamboleándose,
una lata de cerveza en cada bolsillo,
y se sentó sobre una roca a beber,
y pensar en su matrimonio,
y cuando ambas latas estuvieron vacías
se quitó los zapatos para meterse
tambaleándose en el mar
y coger rumbo a Islandia,
pero el Atlántico lo mandó de vuelta a casa,
no un cadáver, ni un fantasma,
a despertar a su esposa
y quejarse del frío.




ANIMALES

Admítelo, querías matar a ese perro
que estaba ladrando a las afueras del pueblo,
desde el comienzo del atardecer, hasta que
en el reloj de la plaza dieron las doce
y el caballo del hotel comenzó a relinchar,

sacándote de tu cama pegajosa
hasta la ventana que abriste de golpe,
antes de asomar la cabeza y gritar
en mal francés "¡a la mierda, animales,
hay gente aquí tratando de dormir!"

Ante eso, el perro ladró más fuerte, más rápido,
y el caballo galopó alrededor del campo,
y un gallo, engañado por el ruido,
comenzó a cantar, y dos gatos pelearon
descaradamente, en un muro contiguo.

Lo único que pudiste hacer fue cerrar la ventana,
eso y abrir la ducha con lo que
los animales se perdieron en el siseo,
y te dormiste en el piso del baño
hasta que la luz trajo el graznido de las gaviotas.



Matthew Sweeney en No arroje piedras a este letrero (Trilce Ediciones, diciembre 2001).

Traducción de Carlos López Beltrán y Pedro Serrano.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.