Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 25 de enero de 2015

Leandro Lozano: El miedo:



EL MIEDO

Me levanté de la cama y me quedé mirando por la ventana del hospital. El sol era increíble y el cielo celeste, sin nubes. Los puestos del Parque levantaban sus chapas verdes, oxidadas. Después de un rato me dieron ganas de fumar un cigarro y de estar sentado en el pasto tomando una cerveza fría. Sentí mi espalda transpirada y mi piel grasosa. Caminé descalzo sobre las baldosas del pasillo y volví a la cama; me tapé hasta el cuello y me quedé mirando  mis compañeros de sala y la bolsa transparente del suero que tenía el plástico inflado y bien cargado.

Era mi último día en el hospital; estaba desesperado por irme, por salir a la calle y respirar otro olor, dejar de ver gelatinas y puré de zapallo con bifes quemados y vasos de agua; estaba esperando que entre mi viejo por la puerta blanca y me diga que me cambie, que nos íbamos a casa. Compré unas fichas para la televisión y encontré un recital de Led Zeppelin, nadie lo miraba. Eran casi las 12 y me tocaba comer; en la sala estaban todos despiertos: ruidos, gritos, y quejas de dolores. El recital de Zeppellin estaba terminando. Una enfermera pasó por mi cama y me dejó un plato blanco con un  pedazo de pollo sobre la mesa de chapa, y claro, sin olvidarse la gelatina de naranja de todos los días. Cuando estaba terminando de comer apareció mi viejo, tenía una remera negra y un pantalón de vestir color azul; traía en su brazo izquierdo una bolsa blanca que tenía dibujado el logo de Adidas. Me saludó con un beso en la cabeza y me dio la bolsa, me dijo que me vista rápido que teníamos que firmar mi alta y nos íbamos a casa.

Me fui al baño y traté de sacarme la ropa lo más rápido posible, el yeso blanco hacía todo más difícil. Un tendón roto y una arteria sutura, eso me llevaba  como recuerdo en el brazo derecho. Después de un rato caminamos los dos juntos por el pasillo del hospital.

El camino a la puerta me parecía infinito. Cuando salimos a la calle el ruido de los autos me aturdió, las luces y las bocinas. Decidimos ir a la pizzería Kentucky, justo enfrente del hospital. Entramos y elegimos la última mesa, alejados del resto de la gente. Todavía tenía en mi cabeza la idea de una cerveza fría y un cigarro. El mozo se acercó y  nos preguntó qué íbamos a tomar. Mi viejo pidió un café cortado con dos medialunas de manteca; yo tardé unos segundos en decidir,  y mientras miraba los ojos marrones y caídos de mi viejo y el reloj de su muñeca izquierda, me decidí  y  pedí un té. Nunca me pareció buena idea beber delante de él, siempre termino soltando la lengua.



Leandro Lozano (Inédito).






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