Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 12 de enero de 2015

José Ángel Barrueco: Angustia (1):

Estamos, a mi juicio, ante la novela más redonda, hasta la fecha, de José Ángel Barrueco. Digámoslo sin tapujos, Angustia trata sobre la enfermedad, sobre el cáncer, y es un libro que cualquier enfermo o cualquier familiar de un enfermo de cáncer debería leer. Cualquier enfermo, en realidad. Cualquier lector, a fin de cuentas. A ciertas historias, creo, es mejor ir preparado, sabiendo lo que te espera. Pero Angustia es también un libro de viajes y un libro de citas y un homenaje a Thomas Bernhard, ilustre enfermo, y es tantas cosas que lo mejor que puedo hacer es dejaros con un párrafo, bajo la espléndida y, valga la redundancia, angustiosa cubierta, obra de Carolina Villafruela:






El cáncer se tomó su tiempo para invadir ciertas zonas sin que ella lo supiera: con sigilo, con obstinación, con un trabajo lento e implacable, propio de los carcinomas. Las lesiones de la piel le indicaron, meses después o quizá un año más tarde, que podría incubar algo grave. Por miedo a acudir a la consulta cubrió su cuerpo con mil kilos de ropa, incluso en verano; se negó a ir a la piscina y a desnudarse en presencia de otras personas; se sumergía a diario en la bañera de casa, largos baños en los que procuraba aplicarse jabón de Lagarto a esa especie de pústulas que pugnaban por rasgar la piel, pues decía que este jabón contiene las mejores propiedades para la epidermis.

Tampoco se atrevió a contárselo a nadie. Sus inspecciones corporales eran sólo suyas. El estado de su carne, de su piel, estaba vedado para cualquier otra persona, daba igual quién fuera. Su ánimo había decaído notablemente, y a ello contribuyeron, además, las malas noticias que nos golpearon en los meses anteriores.



José Ángel Barrueco. Angustia. Editorial Origami, diciembre 2014. Ilustración de cubierta: Carolina Villafruela.


2 comentarios:

  1. Esa es la palabra que acompaña siempre a esta enfermedad: angustia. Cuando, al fin y al cabo, el fin de nuestros días puede llegar por mil y una causas diferentes. Yo, como tantos y tantos, ya he tenido varios "cara a cara" con esa puñetera enfermedad. Y sentí "eso": angustia. Pero me la guarde y la rabia la convertir en risas y ánimos para que "ellos" no se rindiesen nunca. En unos casos, ganamos. En otros, no. La leeré, David. Tomo nota

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  2. Tienes que leerla, sí, Julia. Es una gran novela. Abrazos, fuertes y solidarios.

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