Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 18 de enero de 2015

Carina Sedevich (28): Escribió Dickinson (y d):




ELEGÍA PARA BERNARDO

Me dijeron que habías muerto, por fin
después de un año y medio de agonía
después de la vida entera de saber
que morirías.

Yo que no fui tu mujer sabía
porque me lo habías contado
que no creías en nada que pudieras hacer
para conjurar tu destino.

Yo que no fui tu mujer sabía
que escribías cuentos y que dabas tu sangre
y el nombre de los perros de tu quinta.

Yo que no fui tu mujer te escribí
con tanto sentimiento que logré
que un día te odiara mi marido.

Hoy me paré a los pies de tu ataúd y te miré.
La barba recortada en el color de la muerte.
Hubiera querido mirar tus ojos cerrados
profundamente cerrados
mirarlos profundamente,

Tus ojos árabes, enormes como bestias.
A mí que no me amaste esos ojos me miraron
alguna vez, y eso me consuela.
A mí que no me amaste me habrás recordado
alguna vez, solo, con lujuria o con pena.

Sentí celos y lástima de quienes te vistieron,
de quienes vieron tu cuerpo enflaquecido.
Yo que te tuve cuando estabas entero.

Las manos de tu madre hurgaban la mortaja
buscando tus manos amarillas
con movimientos lejanos, automáticos.

Yo que no fui tu mujer, entonces,
no pude acercarme
aunque no hubiera otra que te reclamara.
Estabas solo, con tu madre
y no tuve el coraje de tocarte.

Habrás sufrido, habrás deseado la vida.
De todos modos
repartiste tus cosas entre tus hermanos
y dejaste pagado tu sepulcro.

Realmente sos vos, no estás distinto.
Hubiera querido conocerte libre
porque te merecías un amor entero
y aunque así no fuera, te lo hubiese dado.

No pude pasarte la mano por el pelo.
Susurré un padre nuestro, pero ya en la calle
mientras el viento de junio se quemaba.

A mí que no me amaste me habrás visto llorar.
¿Perdonarás ahora mi egoísmo
como se perdona el capricho de algún niño ajeno?

Yo que no fui tu mujer te hubiera amortajado,
hubiera acariciado los huesos de tu cara.



Carina Sedevich en Escribió Dickinson (Alción Editora, 2014).


Dado que este es el último libro editado por nuestra poeta, te convoco aquí el próximo domingo, a la misma hora, con más poemas y cosas de Carina Sedevich. Mientras, recuerda: vete seleccionando los 6 poemas que más te gustan de todos los post sobre la poesía de Carina y entrarás, en su momento, en el sorteo de un ejemplar del próximo poemario de Carina Sedevich, dedicado y firmado por ella.



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