Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 30 de septiembre de 2014

Meando contra viento, Cuadernos transgresores: Exposición / Venta de originales: Inauguración + 1 poema de Gsús Bonilla:

Este próximo viernes, 3 de octubre, a las ocho y media de la tarde, se inaugura la Exposición / venta de originales de algunos de los colaboradores, entre los que me cuento, de Meando Contra Viento, cuadernos transgresores.

Será en Kanya Enmarcación, en León.

Los originales pertenecen a los siguientes artistas:

Ignacio Aller, Gsús Bonilla, Juan Luis García, Reina Canalla, Rafael Saravia, Felipe Zapico, Nuria Palencia, Teresa Naranjo, Lujacarle, Gabriel Oca Fidalgo, David González, Velpister, Charo Acera, Miriam Vega, Karlos Viuda, Carlos Cuenllas, Jr. Vega, Eduardo Fandiño, Santos Perandones, Toño Morala, Jandro Saenz de Mierda, Lolo y Jesús San Martín.

Fechas de la exposición: Del 3 al 31 de octubre de 2014.

Y bueno, aprovecho la ocasión y te dejo con un poema de Gsús Bonilla:





allí estaba la tercera edición del poema más importante de la vida, pero que nadie quería nunca imprimir; nadie se atrevía a nacer, nadie era capaz de ser luciérnaga
jamás habíamos visto un animal tan horrible, preocupado por tanta criaturita llena de soledad, decidimos, en un primer verso, y sin pensarlo, establecernos fuera de las esdrújulas, en la llanura enharinada de la hogaza; solo con un fin único, la ubicación del lugar exacto en la asamblea.
era una idea preciosa. como una piedra de plomo. y tú, que eras verdad y dolor, no podías faltar:



Gsús Bonilla en Comida para perros (Ediciones de Baile del Sol, 2014).




Marta Sanz: 2 poemas:

Le echo un pulso.
No me gusta.
Le echo un pulso.
Le gano.
Me retiro.
Queda la marca
de haber sudado
más de la cuenta.




Colecciono cromos de los que se dan la vuelta
con un golpe, amortiguado y certero de la mano,
hecha una tacita,
una cesta,
un cazo para servir la sopa.



Marta Sanz en Hardcore / Perra mentirosa (Bartleby Editores, 2010).



lunes, 29 de septiembre de 2014

Serguei Esenin: Sólo me queda una diversión:




SÓLO ME QUEDA UNA DIVERSIÓN...

Sólo me queda una diversión:
los dedos en los labios y un alegre silbido.
Ya se ha espacido mi mala fama
de peleador y escandaloso.

¡Qué ridícula mala fama!
Hay muchas caídas tontas en la vida.
Me averguenzo de haber creído en Dios,
y me entristezco de no creer ahora.

¡Remotas lejanías doradas!
Todo arde en la rutina cotidiana.
Si blasfemé y fui escandaloso
fue para arder con mayor fulgor.

Acariciar y fustigar es el don del poeta,
lleva sobre sí un signo fatal.
Yo quise enlazar sobre este mundo
a la rosa blanca y el sapo negro.

¡Qué importa no se haya realizado
estos designios de los días buenos!
Si los demonios anidaron en mi espíritu
es porque los ángeles vivía en él.



Serguei Esenin  en La confesión de un granuja (Editorial Universitaria, 1973).

Traducción directa del ruso: Gabriel Ibarra.

Versión poética de: Gabriel Ibarra y Jorge Teillier.

Nota de David González: Al poema le faltan dos estrofas, las dos últimas. 

50:

Hace 50 años, justo ahora, nueve y media de la mañana, una mujer me hace llorar por primera vez en mi vida: la comadrona que asistió a mi madre en su parto allá en una casa de aldea. He llorado mucho desde entonces. Pero me he reido más. Incluso en los peores momentos. Así que doy por buena mi vida hasta este mismo instante. La próxima meta tiene puesto el listón muy alto: los 100... De todos los regalos que he tenido, aparte de la edición especial de El lenguaje de los puños, hay uno que me ha hecho especial ilusión: El trabajo de fin de grado de Natalia Salmerón Suero: Aquello que conservamos después del naufragio: La poética de la consciencia de David González. Además, Natalia, ha sacado una gran nota: sobresaliente. En fin, que por ser el día que es te dejo con un poema inédito que verá la luz en uno de mis próximos libros (ya escritos) y que, si no recuerdo mal, recité en Valladolid, no sin antes rescatar del trabajo de Natalia una oración que comparto plenamente:

Ese es su verdadero compromiso: poner su vida al servicio del lector.






         DIOS

         dios es

         según mi abuelo

         la conciencia
         de cada cuál:

         esto explicaría

         por qué hay
         tan poca fe
y       tan poca conciencia:




Y aprovecho esta ocasión para darle mis más sinceras Gracias a todos los lectores habituales y ocasionales de este cuaderno de bitácora y a los lectores de mis libros en general, especialmente a los de mi último libro. Sin vosotros nada de todo esto tendría sentido. Además sois vosotros, los lectores, los únicos que podéis hacer que el discurso que llaman de los márgenes se haga visible en otros sectores de la sociedad. En este sentido, gracias especiales a Rocío Caballero, a Carmen del Río y a Lila, que me lee desde Nueva York.

Quiero dar las gracias también a mi editor Antonio Huerta y a los escritores: José Ángel Barrueco,  Andrés Ramón Pérez Blanco, el Kebran, y  Vicente Muñoz Álvarez, siempre ahí, desde hace años, en lo bueno y en lo malo.

Y, claro está, a la persona más importante en mi vida desde hace un tiempo: Begoña Casáñez Clemente.


En fin: que muchas Gracias. Nos vemos dentro de otros 50. Feliz día.



domingo, 28 de septiembre de 2014

Sam Shepard: Lejana Lillie:

Y termino la semana tal y como la empecé: con Sam Shepard y Lejana Lillie, sobre el juez Roy Bean y la actriz Lillie Langtry, actriz que forma parte de mi imaginario masculino desde que vi la película El juez de la horca, con, si no recuerdo mal, Ava Gardner en el papel de Lillie Langtry.






LEJANA LILLIE

   En 1890, en la zona fronteriza de Texas, el juez Roy Bean se enamoró locamente de una fotografía de la actriz inglesa Lillie Langtry, conocida mundialmente como "La Azucena de Jersey". Había pocas mujeres sobre las que uno pudiese hablar en aquel territorio despiadado, exceptuando a las pintarrajeadas señoritas que se ganaban el pan en los campamentos de los trabajadores que construían la vía férrea del Southern Pacific. La total ausencia de ley se enseñoreaba de la zona fronteriza que bordeaba el Pecos y el Río Grande, y la autoridad más cercana estaba a más de ciento cincuenta kilómetros, en Fuerte Stockton. La gente del ferrocarril y los rangers buscaban desesperadamente un árbitro que impartiese justicia, y decidieron nombrar juez de paz a un tendero del campamento de Vinegaroon. Roy Bean era un hombrecillo terco, de escasa estatura pero complexión fuerte, mirada ligeramente melancólica y barba cana. Su carácter autocrático lo hacía idóneo para el trabajo, y muy pronto su palabra se convirtió en ley inapelable al oeste del Pecos. Para reforzar su autoridad se inventó el más severo de los castigos: no condenaba a la horca, sino al exilio en un vasto erial, sin pistola, dinero ni botas, y, lo peor de todo, sin caballo.




   Roy Bean tenía como mascota a un oso negro llamado Bruno, encadenado a los escalones de su improvisada sala de tribunal, que servía también de billar, saloon y tienda. El juez Bean, que valoraba mucho la opinión de su oso, en ocasiones, después de una breve sesión en el "tribunal", le preguntaba si creía que se había hecho justicia. Bruno daba unos zarpazos a los polvorientos escalones y bufaba, el juez se volvía satisfecho, subía una calesa tirada por un caballo y se dirigía a un lugar tranquilo junto al río. Allí, a la sombra de un viejo árbol, escribía cartas a la lejana Lillie. Le enviaba noticias del salvaje Oeste. Pequeñas anécdotas sobre hombres a los que había condenado por delitos menores, como deslizar escorpiones por el escote de una prostitua, o graves, como robar caballos. Se jactaba ante ella de estar planeando organizar un campeonato mundial de boxeo en la desembocadura del Río Grande, desafiando a las autoridades de Estados Unidos y México y a los rangers. Le explicaba cómo él, Roy bean, se había convertido en Dios en su territorio y cómo veneraba su retrato y anhelaba conocerla un hermoso día de primavera. De vez en cuando hacía una pausa en la redacción de la carta y sacaba del bolsillo de su chaleco la preciada fotografía para admirar el rostro de su amada. Los ojos entrecerrados; la rotunda nariz aguileña, no muy distinta a la suya; la boca ligeramente entreabierta, como si estuviese a punto de susurrar su nombre. En una ocasión llegó a creer que había oído su voz, dirigiéndose a él. Dio tal salto de alegría que el caballo que tiraba de su carruaje se asustó y por poco perdió su adorada fotografía, que casi se llevó el viento de Texas.




Le escribió innumerables cartas, como si estuviese conversando con ella, como si ella estuviese sentada junto a él en la calesa. Jamás recibió respuesta. Le escribió que le había puesto a su sala de tribunal y saloon el nombre de la La Azucena de Jersey en su honor, pero jamás recibió respuesta. Le escribió que había colgado una reproducción del retrato que le había pintado John Millais encima de la barra y que había decorado las esquinas del marco con flores de cactus. Él mismo se había encargado de ese detalle. Le escribió que había prohibido terminantemente que nadie que llevara sombrero o revólver se acodase en la barra bajo su retrato. Jamás recibió respuesta. Finalmente, tras catorce años de pasión no correspondida, le escribió para contarle que había decidido cambiar el nombre de la ciudad y que a partir de entonces se llamaría Langtry, Texas. Con eso sí logró captar su atención. Lillie Langtry decidió hacer una pequeña pausa en la gira transcontinental que realizaba, viajando en su "vagón-palacio" privado, decorado con candelabros, alfombras persas y paneles laqueados con escenas del salvaje Oeste. La "Ruta del Ocaso" del Southern Pacific ya estaba acabada y la vía férrea iba desde Nueva Orleans hasta las doradas playas de San Francisco. Lillie bajó de su vagón y cuando los tacones de sus zapatos de satén se clavaron en las polvorientas calles de Langtry recibió la noticia de que el buen juez había fallecido hacía un mes. Sin embargo, su sucesor quiso obsequiarla con el mazo y el rifle de Roy Bean. Ella aceptó ambos regalos y continuó su camino.



Sam Shepard en Cruzando el paraíso (Editorial Anagrama, 1997).

Traducción de Mauricio Bach.







sábado, 27 de septiembre de 2014

David González: Sangre en las venas:

Un trabajo de Acción Fílmica: Uno de los poemas que leí hace unas semanas en el MUSAC: Sangre en las venas: una versión muy, muy libre de un poema de Claude Mac Kay:



Gracias.

Bartolomeu Vanzetti: El último discurso:




         EL ÚLTIMO DISCURSO

         He hablado mucho de mí mismo
y       casi me había olvidado de Sacco.
         Sacco también es un trabajador,
         un trabajador capacitado desde su niñez,
         amante del trabajo,
         con un buen empleo y un sueldo,
         una cuenta en el banco,
         una esposa buena y encantadora,
         dos hermosos hijos
y       una casa sencilla y acogedora
         en la linde de un bosque, cerca de un arroyo.

         Sacco es todo corazón,
                        todo fe,
                        todo un carácter,
                        todo un hombre;
         un hombre,
         amante de la naturaleza y de la humanidad,
         un hombre que lo dio todo,
                           que lo sacrificó todo
         por la causa de la libertad
y       de su amor a la humanidad:
         dinero, sosiego, ambición mundana,
         esposa, hijos, su persona
y       hasta su propia vida.

         A Sacco jamás se le ha pasado por la cabeza
         robar
o       matar a nadie.
         Desde que éramos críos hasta ahora
         jamás nos hemos llevado a la boca
         un bocado de pan
         que no hayamos ganado
         con el sudor de nuestra frente.
         Jamás.
         Ya, sí, puede que yo sea más listo,
         como ha dicho alguien,
         tengo más labia, pero muchas, muchas veces,
         al oír su voz sincera
         en la que resuena una fe inquebrantable,
         al considerar su sacrificio supremo,
y       recordar su heroísmo
         me sentí pequeño en presencia de su grandeza
y       me vi obligado a reprimir
         las lágrimas de mis ojos
y       agarrarme el corazón,
         que se me atragantaba,
         para no llorar delante de él: este hombre
         al que ahora se llama ladrón y asesino y condenado.

         Pero el nombre de Sacco
         vivirá en los corazones de la gente
y       en su gratitud
         cuando los huesos de Katzmann
y       los de todos vosotros
         hayan sido dispersados por el tiempo;
         cuando vuestros nombres,
         el suyo,
         vuestras leyes,
         instituciones, y vuestro falso dios
         no sean más que el recuerdo borroso
         de un pasado maldito en el que el hombre
         era un lobo
         para el hombre.

         De no ser por esto,
         yo podría haberme pasado la vida
         charlando en las esquinas de las calles
y       despreciando a la gente.
         Hubiera muerto olvidado, desconocido, fracasado.
         Ahora no somos unos fracasados.
         Esta es nuestra carrera y nuestro triunfo. Jamás
         en toda nuestra vida
         hubiéramos podido hacer tanto
         por la tolerancia, por la justicia,
         porque el hombre comprenda al hombre,
         como ahora lo hacemos por accidente.

         Nuestra palabra,
         nuestras vidas,
         nuestros dolores,
         ¡nada!
         
         La pérdida de nuestras vidas,
         la vida de un buen zapatero
y       la de un pobre vendedor de pescado,
         ¡todo!

         Este último momento nos pertenece.

         Esta agonía es nuestro triunfo.



         Bartolomeo Vanzetti.

         Versión de David González.







viernes, 26 de septiembre de 2014

Baco: Ardimiento en León:






ÍTACAS

Para los que siempre están huyendo

He hecho un pacto con el diablo
y nos hemos repartido mi vida:
Él tiene los días,
de lunes a viernes,
de siete a siete.
Me quedo yo las noches,
todas las noches,
hasta las tantas.

Él me viste de traje y corbata,
me hace parecer educado, correcto,
incluso hipócrita;
yo voy desnudo y realizo
transfusiones sinceras de sangre
sobre el papel.

Él procura traer dinero a casa,
revisa las facturas,
lo pone todo en orden;
yo prefiero vegetar,
cerrar los párpados y mirarme dentro,
buscar huidas que experimentar.

No estoy orgulloso de ello,
pero es un acuerdo para asegurar
nuestra supervivencia.
Porque ya cavé todas mis tumbas,
porque la mitad es mucho más que nada,
y porque moriría

sin mis alas

y mis sueños

por cumplir.



Esteban Gutiérrez Gómez en Ardimiento (Zoográfico, 2014).




Rosa Díaz: La niña rica:




LA NIÑA RICA

Viniendo del colegio nos dijo
a mi hermana y a mí la ordinariez
aquella de "que era una niña rica".

Nosotras no sabíamos muy bien qué era eso
porque papá hacía frases subliminales
"de que había ricos pobres y pobres ricos".

Ella tenía en su patio
dos cabezas de toro embalsamadas
y como su padre fue torero
yo estaba muy confundida. Por ejemplo,
creía que dichas cabezas,
las habría conseguido igual que las orejas y los rabos,
es decir, como trofeos. Pero me aclararon
que lo más de una magnífica faena
eran las patas, y para eso
nada menos que tendríamos que resucitar a Joselito
y quitarle años a Belmonte.

Mi abuela puso las cosas en su sitio
con algo que no era taurino:
-Conque rica. Su abuelo,
aunque ahora use traje azul y se ponga gafas de sol,
siempre será "Pacorro", el que vendía escobones
por las calles del barrio del Postigo.



Rosa Díaz en Cuarto de los humildes (Editorial Aguaclara, 1993).


Nota de David González: En mi casa, a estos "ricos", siempre se les llamó "piojos resucitados".




jueves, 25 de septiembre de 2014

Cancha (17) + 1 poema de El lenguaje de los puños:


En esta ocasión, Gracias a estos 3 sitios webs por la cancha que me han dado:

ARMA POÉTICA

REVISTA FIAT LUX

MÁS PALABRAS PARA OLVIDAR


Y aprovecho también para darle las Gracias a todos los lectores que han decidido adquirir mi libro, que, como se aprecia en la fotografía ya está en mis manos. De hecho, ya estoy en pleno proceso de firmar, numerar y dedicar. El libro, ya puedo decirlo, ha quedado realmente brutal. Precioso, en cuanto a su diseño. Incluso el papel en que está impreso me encanta. Soy muy feliz, la verdad. Y os doy las Gracias, de corazón, pues este era un proyecto en el que había puesto mucha ilusión y, de algún modo, al adquirir un ejemplar de esta edición especial con motivo de mi aniversario y del de mi madre, se puede decir, yo lo digo, que me habéis hecho el mejor regalo posible para un escritor: que un lector compre su libro. Solo espero que después de haberlo leído, penséis que ha merecido la pena. Lo dicho: Muchas Gracias. Y sigo con las dedicatorias. 


    Fotografía: Begoña Casáñez Clemente


         UN FAVOR

         mi vida se ha convertido en un desierto
         en el desierto de sonora pongamos por caso
         arena cactus calaveras escorpiones y un sol
         de justicia:

         mi vida se está muriendo literalmente de sed

y       de ella no espero ya ninguna cantimplora
o       pozo con agua como tampoco un oasis

         el oasis

         si acaso
         a ella a mi vida solo me queda por pedirle
         suplicarle un pequeño y último favor: el espejismo.



David González en El lenguaje de los puños (Editorial Origami, septiembre 2014).




Langston Hughes: Cruce:




CRUCE

Mi padre es un viejo blanco
y mi vieja madre es negra.
Si alguna vez maldije a mi padre blanco
retiro mis maldiciones.
Si alguna vez maldije a mi vieja madre negra
y deseé que estuviera en el infierno,
me arrepiento de ese deseo maligno
y le deseo ahora lo mejor.
Mi padre murió en una gran casa elegante.
Mi madre murió en una chabola.
Me pregunto dónde voy a morir yo,
que no soy ni blanco ni negro.



Langston Hughes en Lengua de madera (Ediciones de la Isla de Siltolá, 2011).

Traducción de Hilario Barrero.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pedro Juan Gutiérrez: El triunfo de la corrección política:




EL TRIUNFO DE LA CORRECCIÓN POLÍTICA

I

Cuando estoy peor
peor que ayer
o peor que antier

Cuando todo empieza a ponerse negro
y la peste de la mierda aumenta
en los pasillos
y las escaleras
Siempre tengo pequeños recursos
para seguir open all night.
Pequeñísimos microbios antivirus
que suelto disimuladamente
mientras aquella poeta
me dice que le aterra la hojarasca
en sus poemas.
No sabe cómo deshacerse de la hojarasca.
"Oh, Johnny, demasiada hojarasca,
es un vicio, escribir y escribir".
Me dice tristemente
con sus ojos vencidos y melancólicos/
un poco borracha.
Yo la escucho
y creo que a estas alturas
mis ojos también están marchitos
y tristes
Al menos extenuados.

II

Bebo un sorbo de vino
y pienso en la mierda
que invade todo el edificio
donde vivo
Algún día tendré que irme
de este cocktail
Algún día la poeta exitosa y triste
dejará de quejarse
de todo lo que sobra en sus poemas
y se vaciará mi copa
y los camareros no traerán más botellas
y sonreirán profesionalmente
con las manos vacías
como quien dice adiós, good bye, so long.

III

Y tendré que regresar a mi casa
donde la mierda apesta
y avanza asquerosamente.
Intentaré caminar
con la mayor pulcritud posible
Sin pisar la mierda quiero decir.
Sin oler la mierda.
Será difícil.
Dudo que pueda lograr
ese instante
tan aséptico.
Tan higiénicamente correcto.
Caminar junto a la mierda
y no contaminarme.
Es decir,
el triunfo de la corrección política.
Y entonces
los hijos de puta dirán:
"Al fin lo tenemos cogido por el pescuezo
¡No lo suelten!
¡No lo dejen ir!
¡Aprieten más el lazo!
Al fin le podremos dar medallas y laureles.
John Snake domesticado.
Al fin lo podremos aplaudir y engatusar
Lo haremos ingresar en nuestra logia
la Orden del Gran Caballero Oportunista
Para que Johnny
sea un señor feliz,
además de ciego
y sordomudo!.


Pedro Juan Gutiérrez en Leyendas Urbanas (Editorial Laria, 2012).

N. Jerome Hall: El cementerio de los sueños destrozados:




   EL CEMENTERIO DE LOS SUEÑOS DESTROZADOS

   El sueño que quiso hacer realidad
Quema los cilindros alrededor de los cuales piensa;
   Un bloque rajado
                               Que malgasta el tiempo.

   Latidos del corazón como un pistón golpeante
                               que recalienta su mente
   Que ayuda al cuerpo de su locomotora a golpear

Camino del patio de los desechos a vender lo que quedó.

                               Véndelo todo
   En el cementerio de coches
                               de sueños de segunda mano
   Compra más
                               A ver lo que traen.

   Manipula la mente de otro ser
                              Vive en el sueño
                                           Que el desechó

Buenos recuerdos garantizados para un día entero
   Para ponerlo en buen camino
                Una nueva mano de pintura en su mente

Un empujón,
                      Barranco abajo,
                                                Para que comience de nuevo.



N. Jerome Hall en Lo que significa ser humano (Ediciones Rialp, 1978).


martes, 23 de septiembre de 2014

e. e. cummings: 1 poema:

e. e. cummings es de esos poetas a los que siempre vuelvo, una y otra vez, en mis relecturas, por eso  no será la última vez que le leas por aquí:




hay en el tiempo una noble y benévola proporción
junto con una generosidad increíble
(aunque la carne y la sangre le acusen de coerción
o la mente y el alma le inculpen de engaño)

su conducta no es lógica o ilógica,
su sabiduría anula la discordia y el acuerdo
-los saharas tienen sus siglos; diez mil
de ellos son más pequeños que el momento de una rosa

hay un tiempo para reír y hay un tiempo para llorar-
para la esperanza la desesperación la paz y el deseo
-un tiempo para crecer y un tiempo para morir:
una noche para el silencio y un día para el canto

pero sobre todo(como me dicen
tus más que ojos)hay un tiempo para la eternidad



e. e. cummings en Buffalo Bill ha muerto (Hiperión, 1996)

Traducción deJosé Casas




Bernardo Chandía Fica: Viaje inmóvil:



VIAJE INMÓVIL

Los amigos se perdieron,
fueron quedando todos
afuera de la estación.

Yo quedé aquí,
sentado en los durmientes,
viendo moverse los diarios
por la brisa
comiendo pequeños trozos
de pan remojado
para continuar la marcha
hacia lo que queda de vida.



Bernardo Chandía Fica en Antología de la poesía joven chilena (Editorial Universitaria, 2003).


Vicente Llorente: 2 epizafios y 1 poema:


EPIZAFIOS

¿Has cerrado con llave?,
¿desde qué lado?.

*

¿Hay alguien ahí dentro?, y mi corazón
contestó con un desprecio en forma de latido.




 PARA

Para que mis ojos no se cansen
de ver siempre lo mismo
miro.

Para que mi piel no se escame
y se agriete en hondas avenidas
acaricio.

Para que mi vida no se pudra
de veranos / rutina / timbres / horarios
vivo.

Para que mis dedos no cicatricen
y se unan con membranas como los patos
escribo.



Vicente Llorente en Menú del día (Huacanamo, 2007).


lunes, 22 de septiembre de 2014

Sam Shepard: 2 poemas más


TU JUGO

Perverso
Sabroso
Rojo
Y maduro
Tocar
Tener
En la mano
Tu jugo.


en Luna Halcón.





me encontré con la doble de la Estrella
al abrirse hacia los lados las puertas del ascensor
y yo salía
y ella entraba
a las cuatro de la madrugada
y vi que estaba absolutamente pirada
le pregunté qué había tomado
dijo 6 Valium y Vino Blanco
porque hoy era el último día de rodaje
y le pareció que había que celebrarlo
jodiendo con algún tío del equipo
y colocándose
porque éste era su pueblo
y ella iba a quedarse
mientras nosotros nos íbamos
y la tortura de no ser más que una doble
dejada atrás
en un pueblo en el que le dolía haber nacido
estaba destrozándola ahora
de verdad
y eso hizo que volviera a avergonzarme
de trabajar como actor en una película
y provocar ilusiones tan estúpidas
de modo que me la llevé a mi habitación
sin planes respecto a su cuerpo
y ella se sintió desesperadamente decepcionada
intentó arrojarse por la ventana
y le dije que no valía la pena
no es más que una película estúpida
no tan estúpida, dijo ella, como la vida


en Crónicas de Motel.

Sam Shepard.

Traducciones de Enrique Murillo.


Sam Shepard: 2 poemas:


Dicen que en días muy calurosos
la mayonesa podría matarte
eso decía mi tía

también me dijo
que nunca saliera de casa sin la cartera
por si me mataban
y había que identificar el cadáver




desde la alta hierba
hasta el borde del patio asfaltado
te veo escrutarme

te veo cuando no sabes que miro
y cada mirada que robo
le añade un día a mi vida

últimamente eres más difícil de atrapar
o es que me estoy volviendo viejo
últimamente eres más difícil de atrapar



Sam Shepard en Crónicas de motel (1985).

Traducción de Enrique Murillo.


Sam Shepard: Dakota:


Sam Shepard aún no había hecho acto de presencia por esta casa, así que hoy le dedicaré las tres entradas de hoy:




DAKOTA

En las afueras de Rapid City lisos llanos gris azulado de los Sioux con un cartel en rojo despintado que dice vea los últimos búfalos salvajes baldes rotos de aserrín y el viejo cercado a medio caer la vaca y su ternero a la luz de la media luna tocada por la mano del viejo que dice que conoció a Kit Carson y que en sus tiempos mató a dos o tres indios para desayunar la vaca resopla un poco de serrín el ternero mama los coches rugen al pasar demasiado veloces como para entretenerse ante este espectáculo de poca monta.



Sam Shepard en Luna Halcón (1995).

Traducción de Enrique Murillo.


domingo, 21 de septiembre de 2014

Charles Bukowski: La noche desquiciada de pasos (y 3):




MI FRACASO

pienso en los diablos en el infierno
y contemplo un
hermoso jarrón de
flores
mientras la mujer en mi dormitorio
apaga y enciende furiosamente
la luz.
hemos tenido una pelea
de las chungas
y estoy aquí sentado
fumando cigarrillos
de la India
mientras en la radio
los ruegos de un cantante de ópera
no son en mi
idioma.
fuera, la ventana a mi
izquierda revela las luces
nocturnas de la
ciudad y ojalá
tuviera el valor de
atravesar este simple horror
y enmendar
las cosas
pero mi ira mezquina
me lo
impide.

sé que el infierno no es más que
lo que nosotros creamos,
fumar estos pitillos,
esperar aquí,
devanarse los sesos aquí,
mientras en la otra habitación
ella sigue
sentada y
apaga y enciende
y apaga
y enciende la
luz.



Charles Bukowski. La noche desquiciada de pasos. Visor Libros, 2014. Prólogo y traducción de Eduardo Iriarte.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Ana B. Arranz: Yo, yo, yo y Platero:

Esta mañana me llevo una sorpresa, agradable para variar, al mirar la prensa digital y encontrar en el diario El Mundo, en Cultura,  un artículo sobre la antología Diva de mierda, una antología alrededor del ego (Ediciones Liliputienses, 2014), de la que ya di cumplida cuenta en este cuaderno de bitácora. En dicho artículo no se menciona mi nombre, pero sí eligen mi poema Polvo de estrellas, junto con el de David Benedicte, como ejemplo del tema de la antología. Puedes leer el artículo y mi poema y el de mi tocayo en el siguiente enlace:








O también puedes leerlo en este otro enlace a este mismo blog:




Asimismo, este poema forma parte de mi libro, en preventa ya solo por unos días en la web de la Editorial Origami, El lenguaje de los puños, antología crítica de la poesía de David González (Volúmenes 2, 3 y 4), en edición de José Ángel Barrueco:




que, precisamente, esta misma mañana acaba de salir de imprenta y ya está en las manos de mi editor, el gran Antonio Huerta, como se puede apreciar en esta fotografía:




viernes, 19 de septiembre de 2014

Gladys González:


Zoran Anchevski: Para tía Ak:




Este poema ya lo compartí en algún otro de mis blogs, pero es que me mola mucho:


PARA TÍA AK.

                          El campo llena
                          tus ojos con edad.

Por eso
necesitas llorar, es aconsejable.
Las raíces y los retoños en ti
se extienden hacia la lluvia.
(necesitas llorar)
No hay ni vino
ni pájaros jóvenes en la sangre
que vuelan hacia el corazón.

                           Cuando se pone el sol
                           las montañas parecen
                           inalcanzables y cubiertas de hielo.

Por eso
necesitas llorar
como una vid podada en primavera,
necesitas llorar,
(es aconsejable)
porque
llorar
te llena de infancia.



Zoran Anchevski en 4 Poetas Macedonios (2006).