Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 13 de diciembre de 2014

El Muerto:


Joder. Vaya mañana. A la una y media de la tarde teníamos que recitar en cierto bareto Craig Williams, poeta escocés afincado en Gijón, Alejandro Mallada, una de las voces más prometedoras de la joven poesía actual aunque, como a mí, no nos conozcan en casa ni a la hora de comer. El caso es que la camarera del bar no tenía ni idea, el dueño del bar no iba hasta por la tarde, no había ni un cartel ni nada en la puerta, así que a tomar por el culo, nos abrimos de allí cagando leches, eso sí, después de tomar una pinta de Paulaner... Así que de la que caminábamos por Marqués de Casa Valdés  hacia el Burguer de la Plaza Italia, para papear el kick ahorro, es decir, 3 euros con 50 céntimos o por ahí, nos encontramos con El Muerto. El Muerto, como su propio nombre indica, estaba realmente muerto. Tirado en la acera, tapado con una sábana, tapado entero no: le habían dejado la cara al descubierto, por si no estaba  muerto, para que pudiera respirar. Tendría unos 40 tacos. Alrededor suyo unos puretas que, por supuesto, ni le hicieron el boca a boca ni hostias en vinagre. Esperaban a la ambulancia. Pero estaba más muerto que yo poéticamente hablando.  Posiblemente un ataque al corazón. Muerto. Craig Williams cruzó rápido el paso de cebra, pero, Alejandro y yo nos quedamos allí a hablar con la gente que pasaba. Sobre si el tipo estaba muerto o no. Mañana, supongo, lo sabré por el periódico. Pero, joder, estaba muerto. Y llovía. Y le dije a Alejandro o él a mí: Esto sí que es una muerte jodida: solo, en la puta calle, a la hora de comer (sobre la una y media o dos menos cuarto), y encima lloviendo. Qué palo. Pero, las cosas como son, eso no nos impidió, a ninguno de los tres, dar buena cuenta del puto menú kick ahorro: hamburguesa de carne o de pollo, patatas fritas y todo el refresco que puedas beber. La vida, ya se sabe, sigue. Y, joder, yo soy diabético. El azúcar no entiende de muertos.  Y por triste que resulte es así: el muerto al hoyo y el vivo... joder, serán los chupitos de licor de hierba más las cervezas pero no me acuerdo como sigue el jodido refrán... Pero eso. Seguro que tú lo sabes. Pero esta mañana hemos visto a un muerto. El último que vi, fue en Madrid, en Puerta del Sol, esperando a que el semáforo cambiase a verde para cruzar. Mi colega, el poeta Nacho Escuín, dijo: Mirad, un muerto. Era un gitano. Lo acababan de apuñalar en pleno centro de Madrid y nadie se enteró. Lo que me recuerda a Tom Cruise en su película, a mi entender, más potente: Colateral. Pero este muerto era de verdad. En fin, sea quien sea, como decía mi vieja: Ha dejado de sufrir. EN PAZ DESCANSE. Y no: no saqué ninguan fotografía con el puto móvil, joder: Hay cosas que no se fotografían. Además, no soy periodista, hostias. Y este post va sin fotografía. No voy a darle, encima, publicidad a la Muerte. Que se joda, la Muerte, y su puta madre.


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