Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 5 de diciembre de 2014

David González: Así llegan los crímenes (1):


1

Lo último que deberías saber sobre mí, en especial si eres una mujer, es, sin embargo, lo primero que te voy a desvelar: en esencia, soy un inútil. Sí. Lo que lees. Un inútil. Lo que oí yo durante mi infancia y buena parte de la adolescencia. Que soy un inútil. Eso me repetía con insistencia, a la menor ocasión que se le presentaba o que yo le daba, El Hombre de la Cicatriz en el Ojo, es decir, mi padre, el Ogro: No eres más inútil, hijo mío, porque Dios no lo quiso, me decía: Porque sé que naciste en casa, continuaba, que sino pensaría que te habían cambiado en el hospital o que te habían traído de la inclusa. Está de más que te diga que yo desconocía el significado de esa palabra: inclusa. Lo que sí entendía era que yo, además de ser un inútil, un verdadero inútil, no había día que no me lo llamara, ahora también era un incluso. 

05/12/2014



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