Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 9 de diciembre de 2014

Charles Simic: Hotel Insomnio:

Mientras clasifico y limpio libros de mi biblioteca personal, me encuentro cosas que no recordaba en dónde las había puesto. Como Hotel Insomnio, de Charles Simic: una plaquete de Nómadas, en cuyo consejo editorial figuraba gente como Jordi Doce, Jaime Priede o Fernando Ménendez. El caso es que gracias a esta plaquete descubrí la poesía de Simic. Y un poema. Uno de esos poemas que ya para siempre uno asocia con lo que es o debería ser la poesía. El poema cuyo título es precisamente Hotel Insomnio, y con el que te dejo:




HOTEL INSOMNIO

Estaba a gusto en mi agujero.
La ventana daba a una pared de ladrillos.
En el cuarto de al lado había un piano.
De vez en cuando
un anciano inválido
venía a tocar My Blue Heaven.

Pero, en fin, por lo general
era un sitio tranquilo.
Había arañas
en todas las habitaciones,
y moscas atrapadas
en los hilos del humo y la vigilia,
y el aire era tan denso
que no podía verme en el espejo.

A las cinco de la mañana
se oía el ruido de unos pies descalzos.
Era el gitano de la esquina,
el adivino,
que se levantaba a mear
después de una noche de amor.
Una vez oí, incluso
el sollozo de un niño.
Estaba al otro lado,
tan cerca que pensé,
por un instante,
que era yo el que lloraba.



Charles Simic en Hotel Insomnio (Nómadas, 1998).

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