Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 14 de diciembre de 2014

Carina Sedevich (20): Incombustible (b):





Escribir es mi única osadía:

bien vale dorar una cebolla,
un pedacito de cebolla morada,
desteñirlo en la manteca
para olerlo.

La soledad es mi única osadía:

bien vale estirar el mantel
sobre la mesa
preparar el plato azul
y los cubiertos

y masticar mirando la ventana,






No entremos otra vez en esta farsa,
no hablemos más.
Sencillamente
no tenés al hombre que amé
en la camisa,
no tenés al hombre que amé
en los pantalones,
y tampoco te podés poner
en sus zapatos.

Recordame con el vestido lila
o con el vestido rojo
con flores amarillas.
Recordá cuando yo tenía sed
de las cosas hermosas
que ofrecías.
De la paz,
de las transformaciones.

Pero no pensemos en encontrar
una hendija para volver a mirarnos.
Nos quedamos bailando, solos,
en aquella fiesta.
Nos quedamos preparando brasas
en el patio de la casita nueva.
Nos quedamos un treinta de diciembre
con un evatest con dos rayitas.

Esos éramos nosotros.

Ese era el hombre con espalda
de padre
y pecho de amante
y manos de sembrar
que yo quería.

El que sabía cantar.
El que jamás
se hubiera detenido.



Carina Sedevich en Incombustible (Alción Editora, 2013).




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