Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Philip Levine: La búsqueda de la sombra de Lorca (y 3):




DEL ASESINATO DEL TENIENTE JOSÉ DEL CASTILLO
A MANOS DEL FALANGISTA BRAVO MARTÍNEZ
12 DE JULIO DE 1936

Cuando el teniente de la Guardia de Asalto
escuchó el disparo de la automática, se volvió
y recibió el segundo tiro justo encima
del esternón, el tercero le arrancó
la hombrera derecha del uniforme,
el cuarto le perforó la mejilla. Mientras
se resbalaba de los brazos de su camarada
hacia el cemento gris de las Ramblas
perdió la cuenta y supo solamente
que no iba a morir y que el cielo azul
manchado de nubes no era el cielo
pues el cielo estaba en ninguna parte y en sus ojos
que se llenaba lentamente de luz propia.
Las palomas salpicaban el frío suelo
de Barcelona se elevaron a la vez que él se hundía
bajo las olas de silencio que rompían
en las lejanas costas de sus piernas, cada vez
más débiles y acuosas. Sus manos se abrieron
una última vez para recibir las bendiciones
de los escapes de los coches y la lluvia
y la lluvia de hollín. Su boca,
que nunca volvería a pronunciar "tengo miedo",
se cerró mordiendo el vacío. El abuelo
que pregonaba sus margaritas desde un puesto
le presionó los labios con un pañuelo
y desvió la mirada antes de que se topara
con los ojos de un pistolero. Los perros pastores
a la venta aullaron en sus jaulas
y se pusieron a dar vueltas. Hay más cosas
que decir, pero será a cargo de alguien que haya sufrido
y muerto por su hermana la tierra
y sus hermanas las bestias y los árboles.
El teniente es capaz de oírla, la plegaria
que llega en las voces del agua, hoy
o ayer, desde Chicago o Valladolid,
y se queda flotando como humo en esta calle
que no volvería a recorrer nunca más como hombre.



Philip Levine. La búsqueda de la sombra de Lorca. Visor Libros, 2014. De la traducción, prólogo y notas: Andrés Catalán.



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