Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 10 de noviembre de 2014

Mariano Zaro: Eileen Wood:




    EILEEN WOOD


    Siempre admiré a mi hermano. Dormíamos en la misma habitación. Cuando se despertaba y abría la cama podía oler su cuerpo enorme y ácido como un potro o una manzana verde.
    Un día se marchó a la ciudad. Para hacer dinero, dijo.
   Algunas noches me acostaba en su cama tratando de oler su recuerdo pero nuestra madre había cambiado las sábanas y él no estaba allí. Esa cama era ya la cama de nadie.
    Eileen Wodd trabajaba de camarera en el Apple Café. Era rubia. Tenía las uñas sucias y demasiado largas. Hacía dos años que había llegado a la ciudad con sus padres.
   Dormía con mi hermano cuando hacía mucho frío. Ponía mis pies entre sus piernas y la cabeza apoyada en su pecho.
    Eileen tenía el culo duro y los dientes muy blancos.
    Yo solía decirle: "Hermano, estoy temblando". Incluso cuando las noches no eran muy frías.
    Las tetas de Eileen Wood eran famosas en todo el barrio y habían atraído muchos clientes al Apple Café.
    Ese invierno fui a la ciudad. Me quedé en casa de mi hermano. Dormimos juntos pero su cama me pareció demasiado grande y olía de otra manera.
   Al día siguiente fui al Apple Café. Pedí un café solo y empecé a pensar cómo matar a Eileen Wood.



Mariano Zaro.


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