Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Eduard Limónov: Soy yo, Édichka (y 3):

Y me despido ya de Eduard Limónov con otros dos pasajes de su maravilloso libro: Soy yo, Édichka:


No me puse pesado con ella, pero si tenía un vino bueno y éramos amantes, no sé por qué no me lo daba, no podía entenderlo. Además, yo no me quejaba de nada. ¡Pero si yo, siendo pobre, ofrecía unos banquetes a mis invitados en Rusia que madre mía! Para celebrar mi cumpleaños, por ejemplo, iba con los amigos al mercado y compraba medio saco de carne, señores, y llamaba a cuarenta personas, compraba alcohol para que cada uno tuviera suficiente según los cálculos rusos: una botella de vodka por chico, y una botella de vino por chica. Me gastaba todo el dinero, hasta el último copec, a veces pedía prestado, no tenía cuentas en el banco, me interesaba poco el mañana. "Cada día trae su propio afán", como decía mi abueña Vera.





Me daban clases en un centro social de la Avenida Columbus, cerca de la calle Cien. El centro no llevaba tanto tiempo construido, pero nuestra aula parecía casi en ruinas: ventanas rotas, las paredes ennegrecidas por los incendios y todo tipo de moho y bichos que salían directamente a la calle. Es como si Nueva York se corrompiera por los márgenes. Los barrios limpios ocupan mucha menos superficie que el inmenso mar de barrios deshabitados o medio habitados, horribles en su destrucción casi de estado de sitio. Donde yo estudiaba había como mínimo diez edificios así, entre Columbus y Central Park. Incluso diré que el manual con el que estudiábamos (éramos diez mujeres de la República Dominicana, una de Cuba, una de Colombia y yo, el único hombre de la clase) se titulaba No hay agua caliente todas las noches. Hablaba de gente que vivía más o menos como la del barrio, rodeada de todas las desgracias posibles.



Eduard Limónov. Soy yo, Édichka. Marbot Ediciones, septiembre de 2014. Traducción de Ana Guelbenzu. Diseño de cubierta de Xavier Carbonell.






Cualquiera de los tres libros de Limónov traducidos al castellano es altamente recomendable. Si no conoces su obra yo de ti empezaría leyendo su biografía, Limónov, escrita de manera formidable por Emmanuel Carrère, y editada en la editorial Anagrama. A partir de ahí y dado que Limónov es un escritor autobiográfico: Historia de un granuja (ediciones del oriente y del mediterráneo, 1993), Soy yo, Édicka, y por último: Historia de un servidor (ediciones del oriente y del mediterráneo, 1991). Espero que se siga traduciendo su obra al castellano, pero yo, en cuanto el pecunio me lo permita, creo que empezaré a hacerme con sus libros en francés.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.