Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 20 de noviembre de 2014

Carina Sedevich (13): Como segando un cariño oscuro (b):


A partir de Nosotros No, mantienes un silencio poético de nada más y nada menos que 12 años. Los poemas de Como segando un cariño oscuro y de tus siguientes poemarios dan alguna pista a tus lectores sobre lo que te sucedió, ¿puedes contarnos algo más al respecto? ¿Leías durante ese tiempo? ¿Escribías? En resumen: ¿Qué te pasó?

Me enamoré, conocí al hombre de mi vida. Tenía todo lo que yo necesitaba y me lo dio todo. Estuve inmersa en una especie de fantástica película de amor. De pronto tuve una pareja, un hogar, una familia, un proyecto. Mucho más de lo que jamás me hubiera atrevido a soñar. Pero lo arruiné. Lo arruiné porque era tan bueno que ni yo lo creía. Lo arruiné porque era tan perfecto que llegaba a aburrirme. Lo arruiné también por empeñarme en protegerlo y conservarlo. Lo arruiné por idealizarlo, en última instancia. Lo arruiné por egoísta, por escéptica y finalmente, por desesperación y dolor.



Durante aquellos años leía y escribía solamente textos académicos, porque así lo requerían mis estudios y mi trabajo. Escribía poesía, a veces, pero la ocultaba. En los poemas aparecían la soledad y la tristeza, y no quería estar triste y sola. Mucho menos quería que mi amado supiera que, de vez en cuando, me sentía así a su lado. Al final, en los poemas estaba la verdad, la verdad a la que volví cuando me dejó.




En suma, siempre escribí mi soledad. Pero no me arrepiento de haber soñado el amor. No me arrepiento de haberme ilusionado con la idea del amor, que toda la vida me resultó tan ajena y que quizás nunca comprendí. Cuando pienso en ese tiempo suelo recordar un verso de Antonio Gamoneda: "Amé. Es incomprensible como el temblor de los álamos". No me arrepiento de haberlo intentado. Y volvería a hacerlo una y mil veces. Como escribió Susana Thénon en su precioso "Poema": "Muerdo todavía y aunque poco se puede ya, / mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios".


                                      


He decidido mirar por la ventana.
Todo cae mientras yo miro por la ventana.
Mientras me caliento el pecho con el sol.
Miro las telarañas entre las rejas
finas, tornasoladas.
Miro las volutas de hierro, sencillas
las que eligió Rodolfo.
He decidido mirar por la ventana
de esta casa enorme.
Acá iba a crecer un hijo nuestro.
Las piñas se amontonan en los árboles.
Acá íbamos a tener una pileta.
Y el color de las paredes iba a ser arena.
He decidido mirar por la ventana.
Inmóvil en la silla, como en un hospicio.
Ver los rosales plantados y olvidados
que crecieron sin darnos una flor.
Los yuyos del invierno, las agujas
que caen de los pinos, las gramillas.
El gris de los ladrillos que costaron tanto.
He decidido mirar por la ventana.
Repasar en silencio la alegría perdida
con esta ropa vieja de todos los inviernos.



Carina Sedevich en Como segando un cariño oscuro (Ediciones Llantodemudo, 2012).


Y si te has quedado sin leer alguna de las 12 entradas anteriores, te facilito los enlaces:

CARINA 1      CARINA 2      CARINA 3      CARINA 4

CARINA 5      CARINA 6      CARINA 7      CARINA 8

CARINA 9      CARINA 10    CARINA 11    CARINA 12



Nos volvemos a ver, si te apetece claro, el próximo domingo, a esta misma hora. Gracias. Y hasta mañana.


4 comentarios:

  1. Me gusta como escribe esta chica, sí señor.
    Gracias por compartir sus versos David.

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  2. Me alegra que sea de tu gusto, Oscar, amigo. Y nada. Las gracias a ti, por leerlos. Abrazos, fuertes, solidarios.

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  3. El dolor sin un sólo aspaviento. Sin alardes. Sincero. Un abrazo

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  4. Así es, José Luis, querido amigo. Otro abrazo, fuerte y solidario.

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