Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 18 de noviembre de 2014

Antonio Gamoneda: Malos recuerdos:

En este cuaderno de bitácora, no podía faltar este mítico libro de Antonio Gamoneda: Blues castellano, editado en Gijón, en 1982, en la editorial ya desaparecida Ediciones Noega. Dentro de este libro hay un poema, Malos recuerdos, sin el cuál yo no sería el poeta que soy, así que lo reproduzco debajo de la cubierta:





MALOS RECUERDOS

                           La verguenza es un sentimiento
                           revolucionario.
                                                        KARL MARX

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
                   Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba, 
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era veloz
y nos amaba.



Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.

Le escribía su madre. No recuerdo:
"¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero...".

Y en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
"Tu madre que te quiere".
                                          No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.



Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.



Antonio Gamoneda en Blues Castellano (Ediciones Noega, Gijón, 1983).



8 comentarios:

  1. Es increíble este poema, David. También lo llevo conmigo.
    Curiosamente lo conocí gracias a ti, aunque no aquí, sino en: El último en morir que apague la luz. Hace un tiempo ya. Después cayó en mis manos: Blues castellano.

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  2. Muy grande, Oscar, colega. Muy grande. Abrazos fuertes y solidarios.

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  3. Sí que lo es, Alejandro, amigo. En mi poesía es una influencia innegable. Y sí, tío: escogí ese poema precisamente para El último en morir que apague la luz. Supongo que tienes la edición de Barlteby de Blues castellano. Abrazos, poeta, fuertes y solidarios.

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  4. No no, tengo la primera edición de 1982, Ediciones Noega. Igual que el de la foto. Es un libro que 'encontré' sin querer, en una situación que no contaba con este ni con ningún libro, pero bueno... Hay cosas, parece, que son así o no son... Supongo que no será fácil dar con él, yo lo tengo como un tesoro vamos.
    Un abrazo fuerte, David.

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  5. Me evoca tu poema sobre tu vecina y la bici que te regaló. Es duro, de los que te trastocan.

    Solemos crearnos arquetipos de buenos y malos, para vivir más tranquilos y luego destellos como estos te hacen ver la realidad, ni buenos ni malos, seres humanos, repletos de errores y con algunos aciertos. Cada cual lleva a cuestas su penitencia.

    Un abrazo, David.

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  6. No, no es fácil dar con él, Alejandro, colega. En la red he visto dos ejemplares, uno a 50 euros y el otro a 100... Es un tesoro... Abrazos, fuertes y solidarios.

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  7. Es de esa onda, sí, Tomás, poeta, bien leído... Comparto tu opinión, somos el conjunto de nuestros aciertos y el de nuestros fallos... Otro abrazo, amigo, fuerte y solidario.

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