Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 18 de octubre de 2014

Eduardo Margaretto: John Fante, vidas y obra, Como un soneto sin estrambote (y 3):




   Sin embargo, una vez en casa, tras su estancia en Italia, le toca aprender de golpe que la edad y una vida licenciosa acaban pasando factura. Una mañana, mientras sobrellevaba la resaca de una larga juerga en uno de los grandes estudios con los que trataba, perdió el conocimiento y se dio de bruces contra el suelo. Trasladado al hospital, el diagnóstico no dejó lugar a dudas: mucho alcohol, mucho tabaco y mucho azúcar... diabetes... enfermedad heredada de su padre. A partir de entonces, insulina diaria. "Los cálculos biliares son tremendos y hay que expulsarlos", le escribe a McWilliams, que también empieza a sufrir sus achaques, en enero de 1958, "pero piensa en los diabéticos, es decir, en mí, y a lo mejor podrás consolarte. Pero Dios es testigo de que me encuentro muy bien. Tiene algo que ver con la dieta, estoy seguro. Ya no empino el codo".



Eduardo Margaretto. John Fante, vidas y obra, Como un soneto sin estrambote. Editorial Alrevés, septiembre de 2014. Diseño de portada: Mauro Bianco.


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