Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 20 de octubre de 2014

Eavan Boland: Violencia doméstica (y 2):




VIOLENCIA DOMÉSTICA

1

Era invierno, lunar, húmedo. Al caer la tarde
las plántulas de estaño quedaron huérfanas de luz lunar.
Encantado de conocerte, carne para agradarte
decía el letrero en el escaparate del carnicero del pueblo.

Todo cambió el año que nos casamos.
Y después de que nos mudáramos a las afueras.
Qué jóvenes éramos, qué ignorantes, qué dispuestos
a pensar que la única historia era la nuestra.

Y había una pareja que discutía por la noche,
sus voces altas, agudas:
nada es del todo
justo en las vidas de aquellos que se aman.

2

En esa temporada, de repente, nuestra isla
reventó sus viejas úlceras para que todos las vieran.
Nosotros también las vimos.
Nos quedamos allí, preguntándonos cómo

los horizontes salados y las colinas de Dublín, 
los ríos, las mesetas, los pantanos Vikingos
que creíamos conocer
se habían echado a temblar

en nuestra antigua televisión de doce por quince
que les devolvió lágrimas grises y más grises
y los asesinatos, asesinatos, asesinatos,
luego los funerales coloreados con luz de luna:

nada dijimos
ni entonces, ni más tarde,
comprendimos lo que es,
lo que está mal en las vidas de aquellos que se odian.

3

Y si el origen de la memoria es
sólo eso -recordar, no expiar-
y si puedo estar seguro bajo
la débil luz primaveral en aquella cocina, entonces

¿por qué hay otra cocina, con luz de primavera
siempre oscura y
una mujer que susurra a un hombre
una y otra vez: qué más podríamos haber hecho?

4

Fracasamos en nuestro momento o nuestro momento
fracasó en nosotros.
Los tiempos eran grandes en tamaño y nosotros éramos pequeños.

¿Por qué escribo eso
cuando no lo creo?
Vivíamos nuestras vidas, éramos felices, éramos como uno solo.

Los niños nacieron y se criaron aquí
y se han ido,
incluso los nuestros.

En cuanto a esa pareja ¿descubrimos alguna vez
quiénes eran,
quisimos averiguarlo?
Creo que lo sabemos. Creo que siempre lo supimos.



Eavan Boland. Violencia doméstica. Ediciones de Baile del Sol, 2013. De la traducción: Antonio Linares Familiar. Diseño de cubierta: Ramón Buzón.


2 comentarios:

  1. Gracias David por tu referencia a la obra de Eavan Boland que tuve la suerte y el placer de traducir. Un fuerte abrazo y mis mejores deseos.

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  2. Las gracias a ti, Antonio, por traducir a una poeta enorme. Otro abrazo, fuerte y solidario.

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