Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

domingo, 19 de octubre de 2014

Carina Sedevich (3): Una nube decapitada y grave (2):


El año pasado, 2013, la periodista Zenn Ramos entrevistó a Carina Sedevich para la Voz Hispana de Nueva York a propósito de otro poemario del que hablaremos en su momento. Sin embargo, Zenn le hizo una pregunta que me parece pertinente transcribir aquí, ahora que todavía estamos al principio de la vida poética de nuestra poeta, en 1998:


ZR: ¿Cuál fue tu primera motivación para producir poesía?


CS: Cuando no sabía leer ni escribir, mi mamá nos hacía escuchar los discos de María Elena Walsh. Mi canción preferida era "Don Enrique del Meñique", porque la letra tenía una particularidad: deformaba la última palabra de cada estrofa para forzar la rima. Cuando empecé a leer, llegó mi fascinación por el lenguaje: la idea de lo simbólico había entrado en mi vida. Me di cuenta de que existían muchos más signos que aquellos que había aprendido. Sentí que el lenguaje era la puerta a un universo de sentidos que parecía ilimitado: algo mágico. Empecé a escribir poesía, porque llevar un diario me parecía aburrido e inventar historias me parecía absurdo. En cambio sentía a la poesía como intensa, lúdica y mucho más personal.



Destacar una frase que me parece programática en esta respuesta de Carina, significativa de lo que ya, en el momento de darla (2012), empezaba a ser, o era ya, su poesía: e inventar historias me parecía absurdo...  Dicho esto, vamos con el segundo poema de la plaqueta que nos ocupa:


Afuera las ventanas adelgazan
devoran una nube decapitada y grave
como una mujer de estopa que se escapa.

Adiós.

Aquí navego iluminada
sin saber si le importa a este muchacho de trigo
que ordena mis huesos como un montón de hojas.

Los hijos le abultan las venas satinadas
los ramales morenos y nutricios.

Es un fantástico Pan.



Carina Sedevich en Una nube decapitada y grave (Ediciones Radamanto, 1998).








Y mañana, lunes, a esta hora más o menos, tenemos otra cita con la poesía de Carina Sedevich.


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