Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Sofía Castañón: Prohibido silbar (y 2):




VACÍO LOCAL

Cuántos años hacen falta
para saber que tu casa es
tu casa.
Y, entiéndeme,
no hablo de hipotecas,
de préstamos familiares,
ni de los dedos ágiles del banco
        -las garras. Siempre.
Me refiero
a cuánto se tarda
en saber que esa casa,
esas paredes, esa debilidad
de grietas bajo la pintura, ese
ritmo de goteo en el baño, ese
silbido de aire en la junta de las ventanas,
cuánto se tarda
en saber que todo eso
es tu casa
y no
restos de un desalojo anterior,
ni la guarida de un fantasma y sus
legítimos recuerdos.
Cuánto se tarda
en creer que
por fin
eres dueño de un espacio,
que cada plato que rompas
será por siempre un plato tuyo.
Te lo pregunto
porque ya es tiempo
el que llevo en esta casa
que jamás has visto, en la que
nunca has colgado un cuadro o
tropezado con una puerta
y sin embargo
las paredes,
con la más inútil
de las intenciones,
sólo saben
repetir
tu nombre.



Sofía Castañón. Prohibido silbar. Ediciones de Baile del Sol, 2014. Ilustración de cubierta: Goyo Rodríguez.


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