Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 9 de agosto de 2014

J. D. Salinger: El guardián entre el centeno: Párrafo inicial:

Como es natural, en esta serie sobre párrafos iniciales no podía faltar el de El guardián entre el centeno de J. D. Salinger:



Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un atque si yo me pusiera a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D. B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana. Él será quien me lleve a casa cuando salga de aquí, quizá el mes próximo. Acaba de comparse un Jaguar, uno de esos cacharros ingleses que se ponen en las doscientas millas por hora como si nada. Cerca de cuatro mil dólares le ha costado. Ahora está forrado el tío. Antes no. Cuando vivía en casa era sólo un escritor corriente y normal. Por si no saben quién es, les diré que ha escrito El pececillo secreto, que es un libro de cuentos fenomenal. El mejor de todos es el que se llama igual que el libro. Trata de un niño que tiene un pez y no se lo deja ver a nadie porque se lo ha comprado con su dinero. Es una historia estupenda. Ahora D. B. está en Holyywood prostituyéndose. Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren.



J. D. Salinger en El guardián entre el centeno (1990).

Traducción de Carmen Criado.


2 comentarios:

  1. Tengo pendiente una relectura. Hace mucho que cargado de expectativas lo ley y la verdad, me dejo frío. Una crítica a la alta sociedad americana, pero tampoco para tanto. Estos yankes son unos exagerados, mira que tener vigilados a sus posibles lectores, o eso dicen. Igual esta en una obra cuya trama principal radica exactamente ahí, en la polvareda que levantó fuera de sus páginas. Eso si que sería dignísimo: El libro que no acababa en su última palabra, que decía más de la sociedad que describía en las reacciones que levantó que en lo que narraba.

    En fin, David, perdón por la paliza que he metido aquí.

    Un abrazo, poeta.

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  2. No hay nada que perdonar, Tomás, amigo: No es ninguna paliza, al contrario: es una interesante reflexión. Otro abrazo, fuerte y solidario.

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