Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 28 de agosto de 2014

C. K. Williams: El clavo:




EL CLAVO

Un dictador cualquiera ha huido al exilio y ahora comienzan
         a emitirse los reportajes sobre su régimen,
los crímenes habituales, torturas, encarcelamientos sin
         juicio, crueldad, corrupción, pero de pronto un
         detalle:
que el modo en que sus secuaces se deshacían de los
         enemigos era clavándoles un clavo en el cráneo.
Horror, entonces, lo que se viene a la mente tras el horror,
         tras esa primera sensación de que nunca recobrarás el
         aliento,
la mente imagina -cómo no sentirse aniquilado por eso-
         aquel golpecito preliminar, lo sientes en los tendones
         de la mano,
recuerdas el modo en que pones tu clavo cuando estás
         intentando montar algo, hacer algo, baldas, una
         cama;
el primer golpe suave para fijar la punta, luego otro
         ligeramente más fuerte para incrustarla un poco
         más...
No, basta: esto sólo puede ocurrir en la ficción, en piedra, en
         un cuadro, no en la realidad, nunca aquí;
podría ser simbólico, pero nada verdadero, algo que tuviera
         algún tipo de significado, nunca algo que haya
         ocurrido,
algo que pretende ir más allá, que quiere implicar a esa masa
         inmóvil de materia que tenemos en el pecho;
como la imagen de un rostro apenado, que lo siente por
         nosotros, pero no como tales, nosotros como ficción,
         un cuento moral,
una manera de decir que el dolor es ilimitado, un modo de
         decirnos que siempre debemos tener en cuenta
que somos nosotros los que hacemos eso, los que fijamos la
         punta, la incrustamos, los que levantamos el martillo
         y guiamos el clavo,
guiamos ese clavo que es el eje alrededor del cual gira toda la
         brutalidad del mundo humano en torno al mundo.



C. K. Williams en Reparación (2007).

Traducción de Jaime Priede.



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