Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 7 de julio de 2014

Marisol Sánchez Gómez: Box8: contra el silencio, obstinadamente: Ana Vega, Ana Patricia Moya y Liliana Costa Staksrud:

Me llega este texto sobre Box8: contra el silencio, obstinadamente, de Marisol Sánchez Gómez, en la Editorial Fundamentos:


Sobre la supuesta fuerza de las mujeres o Nada es lo que parece (poemas de Liliana Costa Staksrud, Ana Patricia Moya y Ana Vega), Marisol Sánchez Gómez. ¿Quién dijo que los fuertes no sufren, que no son también vulnerables? ¿O que la aparente vulnerabilidad no oculta una enorme resiliencia interna? A veces odiamos nuestra fuerza porque nos damos cuenta de que los otros la usan como excusa para no cuidarnos, porque rechazan una vulnerabilidad nuestra que no desean ver porque son desalmados, porque prefieren ignorar el incómodo desamparo ajeno. Algunas, para conseguir ese cuidado que deseamos obtener como muestra de afecto, optamos inconscientemente por hacernos las tontas, las niñas, pareciendo que necesitamos guías o gurús, cuando nuestra brújula interna jamás nos engaña y nos lleva -si la obedecemos- por buen camino. A veces, buscando algo cuando creemos que estamos en cierto modo perdidas, intentamos obtener ayuda donde finalmente resulta que nada se nos puede ofrecer, donde seremos canibalizadas. ¿Somos nosotras las que nos ofrecemos como objetos prestos a ser devorados en esa búsqueda? Por eso tan importante analizar en profundidad qué nos ha llevado hasta ahí, por qué nos empeñamos ciegamente en olvidar lo que realmente somos y valemos, por qué nos adelantamos a cubrir la necesidad del otro hasta casi morir, por qué preferimos a veces ignorar nuestro propio poder que, como decía Adrienne Rich en un hermoso poema sobre Marie Curie, también genera heridas mortales que no deben ser negadas:

Murió como mujer famosa negando
sus heridas
negando
que sus heridas provenían de la misma fuente que su poder

En torno a ello reflexionan en español tres voces poéticas potentes y muy distintas en su planteamiento artístico y su recorrido literario y personal: Ana Vega, Ana Patricia Moya y Liliana Costa Staksrud.

Debajo de la portada, un poema de cada una de estas tres poetas.



BAJARME DE LA CRUZ

Bajarme de la cruz,
arrancar los clavos,
lamer la sangre
con la lengua
y enfrentarme
a la mujer que soy,
pese a todo,
pese a todos,
tiene un precio
demasiado alto.
Algunas
permanecen
clavadas
de por vida.


Ana Vega.



VEINTISÉIS DE ENERO

Al nacer
destrocé el útero
de mi madre.

Ahora
al parir versos
siento
el
desgarro.


Ana Patricia Moya.



ELLA REÍA

Ella reía
y al hacerlo
sus dientes mostraban la hilacha.

Eran crueles y glotones
sin embargo
parecían de leche.

Engañarse con su inocencia
equivalía
a ser mordido y deshecho

Yo aceptaría el tormento
porque ansío
ser su fruta


Liliana Costa Staksrud.






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