Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 28 de julio de 2014

Carina Sedevich: Escribió Dickinson (2):

Si hay tres poetas, no españolas, que me han impresionado en los últimos tiempos esas son Gladys González, poeta chilena, Andrea Gibson, poeta norteamericana, y Carina Sedevich, poeta argentina. A Carina Sedevich le acaban de editar su nuevo poemario, este genial Escribió Dickinson. Que mantiene a lo largo de todas sus páginas un altísimo nivel poético. Con poemas realmente escalofriantes, como, por ejemplo, Antonia era mi abuela, Elegía para Bernardo o el que voy a postear hoy. Siempre he mantenido que los poemas son la mejor carta de presentación de un poeta. Así pues no me demoro más y te dejo con este pedazo de poema y también con un enlace en el que se entrevista a esta magnífica poeta:








La verdad de las enaguas de mi madre
es que tenía piernas

delgadas y largas
y que algunas faldas

traslúcidas

por sobre sus rodillas
le dejaban su color
de otoño.

*

La verdad de las manos de mi madre
es que estuvieron siempre
secas

y que olían siempre a cosas:

la comida
la ropa
los cuadernos.

*

La verdad de los huesos de mi madre
es que eran densos
antes

como ahora resultan ser
sus ojos.

*

Acaso la verdad sobre mi madre
no sea otra cosa que la sombra

que sus enaguas dejaron entrever.



Carina Sedevich. Escribió Dickinson. Alción Editora, 2014.


2 comentarios:

  1. Vaya si lo corroboran, José Luis, amigo. Abrazos, fuertes, solidarios.

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