Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 8 de mayo de 2014

Luis Miguel Rabanal: Tres inhalaciones (y 2):


UN TAL JAIME GIL NOS HABLA CADA DÍA

Pasada ya la cumbre de la vida
J. G. de B.

Los poetas saben de sobra que no saben nada
aunque han llegado de lejos como llegan los fríos.
De súbito, cuando entran en la escena,
se les ve enrojecer y el desprecio es un color
invisible y de su frente febril
nacen dos amapolas cortadas.

Los poetas no conceden credibilidad
a los búhos que se posan en los tejados en ruina.
Es más, los poetas se lavan la cara
con gotas de lluvia pasada la medianoche,
abren sus brazos a la melancolía
y se atreven a blasfemar dulcemente en silencio.
Son como son,
tan feroces incluso que duele advertir
su parsimonia en la barra vacía de los bares
frente a un vaso vacío de certidumbre y de menta.

Los poetas se quitan el polvo del blazer
con el dedo que falta, siempre, siempre
con el dedo que falta.

                                  Hay días que, sin
los poetas, no tendrían remedio.
Los poetas benditos, los poetas malditos,
esos sí que experimentan unas ganas de morirse
locas.



MARGUERITE DURAS SALTA A LA COMBA

Muy pronto en la vida es demasiado tarde.
M. D.

Las poetas escriben sus poemas con la mano
derecha mientras que con su mano izquierda
acostumbran a llevar a los niños al colegio,
a empanar el filete, a asistir en el parto a la golden
más tierna, a masturbarse con bastante lentitud
y, en ocasiones, sólo en raras ocasiones,
se aventuran a consultar el saldo
de sus pocos delitos.

No es erróneo en absoluto aseverar
que las poetas no sepan el título de sus poemas
de carrerilla, ni que hayan descubierto el equilibrio
inasible que los demás han cantado
y contado a las tantas.
Tampoco es cierto que sufran las poetas
de dolores agudos nada más arribar a las islas
en submarinos esotéricos, biliosos.

Las poetas se visten con la falda de raso
del lunes y beben el café de las ocho
con torreznos suaves.
El poema está listo.

Las poetas (españolas) no juegan al frontón
casi nunca.


Luis Miguel Rabanal. Tres inhalaciones. Ediciones Amargord, 2014. Diseño de portada: Juan Manuel Macías.


2 comentarios:

  1. Así son los poetas que merecen la pena, José Luis, amigo. Abrazos, fuertes, solidarios.

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