Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 14 de mayo de 2014

Jorge Carrión: Librerías (y 2):


PORQUE EN SU ARMONÍA entre libros nuevos y usados, en su calculada improvisación, en sus decenas de pasillos, pasadizos, desniveles, conexiones y tramos de escaleras, en sus decenas de reseñas manuscritas que guían a los lectores y clientes en su elección inminente, en su suelo de  madera, Green Apple Books muestra sin ambages su vocación de librería próxima y tradicional. Una librería está constituida, sobre todo, por lo que destaca: los pósters, las fotografías, los libros recomendados o expuestos con énfasis particular. En Green Apple Books tienen enmarcada la Open Letter de Hunter S. Thompson, que llegó a San Francisco a mediados de los años sesenta atraído por el magnetismo del movimiento hippie. Las escaleras están presididas por un enorme mapa de los Estados Unidos; pero también hay una sección en la entrada, llamada Read the World, donde se exponen y recomiendan novedades en traducción. Y la pared derecha de la planta baja es un verdadero museo de máscaras africanas y asiáticas, obra de Richard Savoy, que abrió el negocio en 1967, cuando tenía apenas veinticinco años de edad y su única experiencia era como técnico de radio de American Airlines. Pero sobre todo hay lectura. Porque en la laberíntica librería de Clement Street te encuentras, agazapados, casi escondidos, como confinados en los cubículos de un monasterio budista o en las catacumbas de los primeros cristianos, en silencio, de todas las edades y condiciones, de pie, en cuclillas o sentados: lectores. Y eso no tiene precio.





LA SEGUNDA SHAKESPEARE AND COMPANY abrió sus puertas en el número 37 de la rue de la Bûcherie en 1951, con el nombre de Le Mistral, y hasta 1964, tras la muerte de Sylvia Beach, no fue rebautizada como su admirada predecesora. George Whitman era poco más que un zarrapastroso  vagabundo yanqui con experiencia en el ejército cuando llegó a París. Después de graduarse en 1935 en ciencias y periodismo, se pasó varios años viajando por el mundo, hasta que la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial lo condujo a un dispensario médico de Groenlandia, al norte del Círculo Polar Ártico, y posteriormente a la base militar de Taunton, En Massachusetts, donde abrió una primera y rudimentaria librería. Fue allí donde descubrió que hacían falta brazos en Francia y se fue como voluntario a un campo de huérfanos; pero le atrajo la capital, se mudó y se apuntó a un curso en la Sorbona. Compró algunos libros en inglés, con la intención de cobrar una pequeña cuota de préstamos, y de pronto vio que su habitación alquilada era invadida por extraños en busca de lectura; de modo que se las apañó para disponer siempre de pan y sopa caliente para quienes acudieran a su incipiente negocio. Ése fue el embrión comunista de su futura librería.


Jorge Carrión. Librerías. Editorial Anagrama, tercera edición: diciembre 2013. Finalista Premio Anagrama de Ensayo. Ilustración: foto de AP Photo / Gtresonline.


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