Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 21 de mayo de 2014

Alexander Drake: Ocho relatos de boxeo (2ª Edición): Prólogo de José Ángel Barrueco:

Alexander Drake, estrena la 2ª edición de Ocho relatos de boxeo y uno no puede más que alegrarse por ello ya que este conjunto de relatos sobre el mundo del boxeo es digno de admiración. Además, en esta 2ª edición cuenta con un prólogo escrito por otro grande: José Ángel Barrueco. Te dejo ya, sin más dilaciones, con el prólogo de Barrueco:



EL PÚGIL EN GUARDIA


El boxeo es la magia de los hombres en combate,
la magia de la voluntad, la habilidad y el dolor,
y de arriesgarlo todo para poder respetarte a ti
mismo durante el resto de tu vida.
Se parece a escribir.
F. X. Toole

    Alexander Drake, pseudónimo de un escritor natural de San Sebastián, es un misterio para mí. Conozco su verdadero nombre, pero prefiero no difundirlo aquí porque en la biografía de sus libros publicados él nunca lo pone y debemos respetarlo. Desde que apareció Vorágine, compilación de relatos que obtuvo un premio y la posterior publicación, apenas nos hemos intercambiado algunos correos electrónicos, y todo lo que sé de él es lo que he leído en un par de entrevistas.
    Vorágine me perturbó: mezcla el sexo, la violencia y la crueldad mediante una prosa directa y desnuda, y desde la primera historia uno se convierte en adicto de sus relatos plenos de sordidez. Vorágine, es evidente, también me fascinó (de lo contrario yo no estaría abriendo esta segunda edición de Ocho relatos de boxeo). Por eso no quise perderle la pista a este hombre-enigma cuya obra va a rescatar Lupercalia Ediciones.
    Supongo que es un lugar común afirmar que Drake proviene de la estirpe de Ernest Hemingway y su célebre "teoría del iceberg", en la que se oculta más de lo que se cuenta para que el lector complete en su cabeza los datos que faltan. Pero ésa es la verdad: el minimalismo que practica en sus textos, en los que jamás hay juicios previos ni enseñanzas morales, es un ejercicio que requiere de una gran destreza. Y él la tiene.
    El presente libro es una recopilación, como se indica en la nota preliminar: relatos de aquí y de allá, unidos por la temática y la sangre de los cuadriláteros. No hay muchos escritores que ambienten sus historias en el ring (o yo no los he leído, o quizá no estén traducidos al castellano), quizá por lo difícil que es mantener la atención del lector contándole cómo dos contendientes se destrozan a golpes; el cine o los combates televisados cuentan con la ventaja de la imagen y del sonido, con la sangre y el sudor corriendo por los cuerpos, con la voz de los locutores o de los entrenadores que les gritan a Rocky Balboa o a Jake LaMotta. El escritor, en cambio, está solo en su cometido: debe confiar en las palabras y en el ritmo.
    No hay muchos escritores que toquen el tema, pero podemos citar algunos que lo han hecho con habilidad (me refiero a la narrativa, porque en el ensayo tenemos perlas como las que escribieron Norman Mailer o Joyce Carol Oates): Thon Jones en varios de los relatos reunidos en El púgil en reposo, Ola de frío y Sonny Liston fue mi amigo; Budd Schulberg en Más dura será la caída; Jack London en cuentos como "El combate" o "Un buen bistec"; y, sobre todo, F. X. Toole, pseudónimo del escritor y antiguo entrenador de boxeo Jerry Boyrd, quien puso lo que sabía y lo que  había sufrido en las historias recopiladas en Million Dollar Baby (algunas de las cuales utilizó Clint Eastwood como inspiración para una de sus obras maestras, de título homónimo).
    Los autores citados hablaron de la caída y escribieron sobre la derrota y fueron capaces de mantenernos atados a la crónica narrativa de las peleas. Y lo mismo sucede con estas historias de Alexander Drake. Porque el ritmo que consigue en la narración de los combates es envidiable: logra que uno "vea" o "visualice" cada pugilato, como si estuviera asistiendo en directo a su desarrollo o escuchase la retransmisión de un locutor con talento. Drake te hace subir al ring junto a él, y te muestra lo que ocurre entre las cuerdas con una visión objetiva que recuerda a la de la cámara de un documental: es testigo, pero no participa (véase, por ejemplo, el cortometraje Horizonte despejado, cuyo guión escribió, y que narra la historia de un surfista francotirador).
    De vez en cuando el autor nos baja del ring, y también ahí alcanza altas cotas de gran literatura: en esos momentos en los que sólo queda la soledad del púgil, como en los espléndidos "La pesadilla del luchador" o "Arregui, la leyenda del boxeador", que cuenta la historia de un hombre que gana dinero y gloria en los Estados Unidos mientras los suyos sufren la locura de la Guerra Civil en España.
    Y ya sólo me resta pedirles que disfruten de la velada: Alexander Drake les golpeará con sus palabras, sin bajar la guardia, como un púgil que nunca descansa.


José Ángel Barrueco.
Madrid, 2014.

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