Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 26 de abril de 2014

Óscar Zeta Acosta: La revuelta del pueblo cucaracha (y 2):



   EL DÍA QUE MURIÓ Robert se había estado metiendo barbitúricos con vino y después se quedó dormido como un tronco durante unas horas. Cuando se despertó estaba listo para más. Pero primero bajó a Cronie`s, en el bulevar Whittier, el Sunset Strip chicano. Allí cada puerta es un bar, una casa de empeños o una licorería. Los chulos merodean a su aire por el asfalto decorado con vómitos y mierda de perro. Si te metes en East LA, te metes en El Bulevar. Coños, priva y mota. Los policías que hay en cada esquina dan igual. La pasma, la placa, la chota, los marranos, la jura o simplemente el cerdo de toda la vida. Los eternos enemigos del pueblo. La comisaría del shérif de East LA está sólo a tres manzanas de la calle Tercera, justo al lado de la autopista de Pomona. Del blocao salen los agentes en equipos de dos "¡Para Servir y Proteger!". Siempre con porras de noventa centímetros y los walkie-talkies en la mano; siempre con sus cascos grises, escopetas en el coche y Magnums 357 en sus fundas.
   El vato loco ha estado luchando contra los cerdos desde que los anglosajones le arrebataron esta tierra hace un siglo. Y continuará luchando hasta que le exterminen.


Óscar Zeta Acosta. La revuelta del pueblo cucaracha. Acuarela Libros y Machado Grupo de Distribución, 2013. Introducción: Hunter S. Thompson. Epílogo a la edición estadounidense: Marco Federico Manuel Acosta. Epílogo: Álex Portero. Traducción de Javier Lucini, con la colaboración de Tomás Cobos, Tracy Rucinski y Jesús Llorente.


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