Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 16 de abril de 2014

Juan Vico: La balada de Molly Sinclair (y 2):




DARK LOLITA

Te fascina
esa manera suya de tontear con todo el mundo
aparentando al mismo tiempo no darse cuenta
de estar haciéndolo.
Durante un par de horas te dejas absorber
por su estudiada naturalidad,
sentada en el filo de la silla,
recostada sobre la mesa,
junto a la ventana como una de las perturbadoras
niñas de Balthus;
o acercándose con timidez a la barra,
jugueteando con una botella,
dejando que la espuma de su cerveza
le decore traviesamente los labios.

Habláis un rato:
libros, ciudades,
nombres de alcoholes raros y de autores oscuros.
Ella tira de catálogo,
la guía telefónica del malditismo,
Lautréamont, Panero y todo eso.
Tú mencionas a François Villon
y recurres engreído a cualquier verso:
vieil je serai, vous laide et sans couleur...

Su habitación huele a incienso barato.
El tatuaje se desplaza
desde el final de la espalda donde lo imaginaste
hasta el ombligo,
la tarántula convertida en cuatro símbolos flamígeros.
A media luz, cubierta la lámpara con una tela,
entre pósters de Joy Division y pelos de gato gris,
sus ojos demasiado pintados,
sus manos habilidosas, el arco insolente
de su cuerpo,
te clavan como a un insecto expresionista
sobre las sombras agitadas de la pared.

Sonríe y se lía un porro,
bebéis a morro tres o cuatro
latas. Después
pone en su Mac una película coreana
en la que apalean a un tipo desnudo
con un gran bate de cricket.
Ella se tapa con el edredón hasta la barbilla,
dejando al descubierto los pues,
y tú te miras dócilmente el sexo fláccido
pensando en el fin de todos los tiempos.


Juan Vico. La balada de Molly Sinclair. Editorial Origami, febrero, 2014. II Premio de Poesía Origami. Cubierta por Julia D. Velázquez.

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