Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 15 de marzo de 2014

T. S. Eliot: Canción de amor de San Sebastián:




CANCIÓN DE AMOR DE SAN SEBASTIÁN

Apareceré con mi hábito de estameña
Apareceré con la lámpara en medio de la noche
Me sentaré a los pies de tu escalera;
Me flagelaré hasta sangrar
Tras horas y horas de oración
Tortura y placer
Hasta que mi sangre rodee la lámpara
Y destelle a su luz;
Me levantaré y seré tu neófito
Y apagaré la luz
Para seguirte donde me guíes,
Para seguirte donde tus pies sean blancos
Hasta tu cama en la oscuridad
Donde esté tu manto blanco
Junto a tu manto el pelo trenzado.
Entonces me aceptarás
Porque yo era odioso a tus ojos
Me aceptarás sin avergonzarte
Porque yo estaría muerto
Y cuando llegara la mañana
Reclinaría la cabeza en tu pecho.

Llegaría con una toalla en la mano
Apoyaría tu cabeza entre mis rodillas;
Tus orejas tienen un curioso pliegue
Nadie en el mundo tiene un pliegue igual.
Cuando todo el mundo se derrita al sol,
Se derrita o se congele,
Recordaré ese pliegue de tus orejas.
Me demoraría un momento
Seguiría la curva con el dedo
Tu cabeza debajo de mis rodillas;
Creo que por fin lo comprenderías.
Ya no habría nada más que decir.
Me amarías porque yo te habría estrangulado
Y a causa de mi infamia;
Yo te amaría más porque te habría mutilado
Porque ya no serías hermoso
Para nadie excepto para mí.



T. S. Eliot (en Inventos de la liebre de marzo)

Traducción de Dámaso López García.


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