Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 5 de marzo de 2014

Margaret Randall: Coatlicue:




COATLICUE

Mis manos emergen en busca de aire,
sobreviven.
Su pulso se abre, se cierra, habla.
Mi collar de calaveras se ha desparramado.
Quisiera borrar aquellas noches
en que temías el asalto de tu padre
sobre tu cama, sobre tu cuerpo.
Quisiera honrar a esas mujeres sobrevivientes,
a nosotras mismas.
Honrar a esa parte de mí
aquí de pie bajo la lluvia.
Cuando dices: No me he querido a mí misma últimamente
yo quisiera abrazarte,
voltear tu rostro y tu arte
hacia el espejo de la vida.
Hacer que te mires
y mantenerte así sin límite de tiempo.
Necesito saber también
que ese tú que no te gusta
no soy yo llorando en un sitio oscuro.
Mis manos que emergen en busca de aire
respiran su propio pulso.
Las calaveras de mi collar
se han desparramado en un mar denso.
Nadie debería tener que dormir
con un bate de béisbol entre las sábanas.



Margaret Randall (en Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe).

Traducción de Víctor Rodríguez Núñez.

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