Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 11 de marzo de 2014

J. Jorge Sánchez: Las vidas de las imágenes (y 2):

Tengo la suerte de que J. Jorge Sánchez, me ha dedicado un poema de este libro, este:


OBJETIVO BIRMANIA

Para David González

No sucedió así, Raoul. Tú lo sabías.

"Tras haber estado allí durante meses,
tuve la suerte de continuar en pie.
Estuve muy enfermo de malaria.
Durante dos o tres semanas tuve
una fiebre altísima casi cada día.
Los otros estaban débiles, desnutridos.
La comida no era suficiente para
el esfuerzo que teníamos que realizar:
pasé de unos 70 kilos a unos 55.
Continuaba en pie,
pero en muy malas condiciones.

para desayunar, lo mismo cada día: raciones K.
Tras colocarte la tira de munición,
el fusil, el casco, la mochila y la cantimplora,
cargabas con más de 25 kilos.

En ocasiones el sendero era muy,
pero que muy resbaladizo,
y algunas mulas resbalaban y caían.
Así que teníamos que cargar con los bultos
nosotros mismos y hacer, por lo menos,
dos viajes para subir una pendiente.

Manchas rojizas me recorrían las piernas
debido al mal estado en que tenía la sangre...
Muchos hombres sufrían de disentería y malaria.

No podíamos enterrar a los muerrtos en ningún sitio.
Sus estómags estaban hinchados,
jugos y gusanos
rezumaban de los cadáveres de los japoneses.

¡Y el hedor!
El hedor era tan intenso que debías respirar
por la boca en vez de por la nariz.
El olor era tan intenso que debías respirar
por la boca en vez de por la nariz.
El olor era tan intenso que recuerdo
que no podía comer nada.
El agua del pozo estaba contaminada,
teníamso que sacar agua de las zonas pantanosas
antes de que desaparecierda.
Nunca había agua suficiente.

Tienes miedo, no hay peros que valgan.
Cualquiera que diga que no estaba asustado
es que hay algo que no le funciona bien".





EL TERCER HOMBRE

Todos somos agentes al servicio de una potencia
         extranjera,
traidores en trance de ser descubiertos y perseguidos
         por las alcantarillas de Viena,
durmientes enviados a territorio enemigo con el 
         objetivo
de recabar la máxima información posible.

Espías de lo inerte que recogen datos
a la espera de volver al otro lado del telón de acero.
Agentes de Dios coleccionando retazos para
entregarlos al ser que aún no sabe que es.
Confidentes de la naturaleza que transmiten
-en código cifrado-
informes que esta analiza sin descanso,
nerviosamente, buscando su autoconservación.
Observadores leales a la inconsciencia originaria
recabando representaciones para el mapa del deseo
          interminable.

En la danza de estos servicios secretos
a los cuales pertenecemos
no somos leales, tampoco, a la potencia
que nos reclutó.
Siempre nos convertimos en agentes dobles.

Informadores de la vida que escudriñan
las debilidades de lo inorgánico en los checkpoints.
Saboteadores financiados por la nada
conspirando para evitar que el ser llegue a ser.
Delatores que revelan al decrépito frío cósmico
las escondidas estrategias de las que se sirve la
           joven vida.
Infiltrados de la conciencia urdiendo
planes para ofrecer indemnizaciones compensatorias
a través de procesos secundarios.

Es entonces cuando, como sabía Mischa Wolf,
"algunos traidores conservan, o al menos se lo 
           imaginan,
la ilusión de que sirven a dos amos".

¿Mitigarían la dureza de la perfidia
si recordaran que todos somos traidores
y que en esa traición reside la única libertad
           posible?



J. Jorge Sánchez. Las vidas de las imágenes. Luces de Gálibo, 2013. Prólogo de Antonio Orihuela. Diseño de cubierta: Ferran Fernández.


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