Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 5 de marzo de 2014

J. Jorge Sánchez: Las vidas de las imágenes (1):

Antes de mis palabras al respecto, es preciso que leas este post que Agustín Calvo Galán dedica en su blog a este potentísimo poemario de J. Jorge Sánchez: Las vidas de las imágenes. Poco que añadir. Estamos ante un poemario con unos sólidos cimientos filosóficos, de palabra precisa, para degustar sin prisa alguna, para reflexionar sobre ella con tranquilidad y hacer nuestro el pensamiento de su autor, este poeta de producción lenta, pero firme, hecha para perdurar en nuestra memoria y lo más importante: en nuestra conciencia. Unos poemas que son como antorchas que nos indican el camino, por así decir, para salir de la cueva de Platón. Son poemas cinematográficos, que nos traen a la memoria películas en algunos casos ya míticas, como, Alien, La lista de Schindler, Blade Runner, Ben-Hur, El hombre tranquilo, a los que la indagación filosófica de J. Jorge Sánchez les da una vuelta de tuerca, mostrándonos otras posibilidades de pensar en esas películas. El libro es, según lo veo yo, una lucha entre la imagen y la palabra, en la que parece decírsenos que la imagen va ganando, pues ya no somos nosotros los que hacemos las imágenes sino que son ellas las que nos hacen a nosotros. Sobre esto último, recuerdo unas imágenes estremecedoras hace años en un reportaje sobre la juventud estadounidense en la que se veía claramente como su comportamiento se basaba en el de los personajes de ficción de las series de televisión que veían. Y no al revés. En definitiva: Un poemario de altura. He de añadir que tengo la inmensa suerte de participar, mediante un breve texto, en uno de los poemas de este inmenso libro, cosa que, joder, me hace verdadera ilusión. Gracias, Jorge, tío. Antes de dejarte, en esta primera entrega, con dos de los poemas, no quiero olvidarme de comentarte que el prólogo corre a cargo de Antonio Orihuela.


ALIEN

El piloto automático dirige la nave.
La teniente está sumida en el sueño de una misteriosa
           hibernación.
El silencio solo se quiebra por las señales de los 
           procesos
que inicia, o acaba, el ordenador central.
En el suelo hay manchas viscosas que no ha querido
           limpiar.
O no ha podido.

Desorden, prendas desgarradas, objetos rotos.

Hasta la vista, Ripley.




MEDITERRÁNEO

Para Esther

Es la luz,
una luz casi corpórea,
como si hubiera llegado
al final de su ralentización
en un universo brutalmete
degradado por la entropía.

Es la luz,
una luz casi consciente
que al amanecer perfila
y embruma al mediodía
para evitar el colapso de los sentidos.

Es la luz,
una luz casi sabia
que se asienta durante el día
entre las salamandras y el romero
para prestarle a la oscuridad
el resplandor suficiente.

Es la luz,
pastora de la existencia
que, en la isla, acoge a los desertores
de la movilización total,
a los fugitivos del invierno del mundo.



J. Jorge Sánchez. Las vidas de las imágenes. Luces de Gálibo, 2013. Prólogo de Antonio Orihuela. Diseño y dirección de la colección Ferran Fernández.

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