Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 17 de marzo de 2014

GB, 30: Servando Rocha: Nada es verdad, todo está permitido: El día que Kurt Cobain conoció a William Burroughs:

Estamos ante un magnífico ensayo construido por Servando Rocha a partir de cuatro fotografías que inmortalizan el mítico encuentro entre Kurt Cobain y William Burroughs, su héroe. Aquí están buena parte de las obsesiones tanto de Cobain como de Burroughs. La música de estas páginas es el blues, el rock. Y por ellas desfila buena parte también de las figuras contraculturales, o al menos lo fueron en su momento, del siglo XX. En resumen: un ensayo que se lee como si fuera una novela. Un libro importante. Y te dejo con el principio, que marca la pauta:





                                                       Lawrence (Kansas), marzo de 1992

- ¡Abran la puerta, necesito aire! -gritó William Burroughs.
Melvin Betsellie, un viejo chamán de la tribu navajo, se apartó rápidamente. Allen Ginsberg, completamente desnudo y asustado, corrio a abrir puertas y ventanas.
- ¡Por favor, por favor, necesito salir!
Burroughs, que entonces contaba con setenta y ocho años, exhausto y conmocionado, se dejó caer sobre el suelo. Su cuerpo estaba cubierto de sudor y respiraba con dificultad. La batalla había sido breve, pero tenía la consistencia de todo un siglo, como si toda una vida pudiera comprimirse en unos minutos. Fue entonces cuando recordó la primera vez que supo que un espíritu maligno le acechaba. El día en que todo cambió.



Servando Rocha. Nada es verdad todo está permitido. Ediciones Alpha Decay, febrero de 2014. Ilustración de cubierta: Mario Riviere.

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