Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 14 de marzo de 2014

3 Paisanos: Carlos Huerta & Felipe Zapico & Abel Aparicio:

3 Paisanos: Carlos Huerta, Felipe Zapico y Abel Aparicio: unen su voz en 3 recitales poéticos, el primero de ellos será mañana en Ciudad Real, a las ocho de la tarde, en la tetería Pachamama. Te dejo con 1 poema de cada uno de estos 3 Paisanos:


LA NIEBLA

La niebla siempre ofrece más.
Dice que estos campos no son extensiones sin misterio.
Trae personajes interesantes con sombrero
y recuerda aventuras del futuro.
La niebla le da aparente madurez a un día despejado,
pero es también la legaña de la mañana.
La niebla es la pereza del sol.

La niebla es el último de los sueños de los chops antes de que suene el
despertador.
El remolonear del pueblo.
La niebla es el punto de interrogación,
el bostezo de la hierba.
La niebla es el subconsciente que de esta tierra
que en invierno sigue teniendo frío.
La niebla es la ilusion de las farolas olvidades y encendidas.
El beso sellando con lujuria y pereza
las lenguas que unen a la noche con el día.


Carlos Huerta.




 Triste satisfacción.
Oyes una voz en la esquina
pero no escuchas los estampidos
ya estás tendido sobre la húmeda acera
cuando las detonaciones
sacan a los burgueses de sus camas.
Dos cabrones con gabardina
y sombrero de fieltro
anotan en su negra libreta
las letras del muro:
"LIBERTAD PARA EL HOMBRE".


Felipe Zapico.

De Zapico, te dejo además con estos





HASTA EL ÚLTIMO

Dijeron silencio,
dijeron silencio a las lágrimas,

dijeron amenazas en la oscuridad del miedo,

dijeron

mis balas en la alborada,
mis balas en tu soledad,

dijeron baile de acordes
en la melodía de la impotencia.

Dijísteis no,
que no,

verdad,
justicia,
reparación

hasta que sus espejos
dibujen vergüenza,

hasta que la transición
sea digna de mirarse a la cara,

hasta que la mentira
enarbole la bandera del fracaso.

y sé,

jamás estuve tan seguro de algo,
que la cadena perpetua
impuesta en los libros de historia,
esa que escribe cada familia con arrugas de dolor,
verá como se doblegan los pilares de la injusticia
gracias a la fuerza que produce
el redoblar de vuestros corazones
y la paz recolectada en cada cuneta,

para que descanso,
por fin,

se siente en la misma mesa
de aquellos que lucharon
por la libertad.


Abel Aparicio.




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