Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 20 de febrero de 2014

Poétikas: Yolanda Pérez Herreras + Escandar Algeet + Carlos Salem:

Mañana, en la Esquina del Zorro, la Jornada X del ciclo de poesía contemporánea Poétikas, que coordina el poeta Gsús Bonilla. En esta ocasión, se contará con las voces de Yolanda Pérez Herreras, Escandar Algeet y Carlos Salem. Como de Yolanda no he encontrado ningún poema, te dejo con un poema de Escandar y otro de Salem.


DESORDENADO

Si las cosas siguen su orden
un día abriré la casa de mis padres y mis padres ya no estarán.

Me da pánico pensar más allá de eso:
el vértigo de mis sentimientos no se atreve a
                                           acercarse al bordillo de caída libre
que supone el seguir viviendo,
el seguir vivo
sin la sonata de espuma que es la voz de mi madre
diciéndome "tranquilo, Escandar, tranquilo..."

Si las cosas siguen su orden
un día cerraré la caverna vacía con mi sombra dentro.

Y del eco saldrá un réquiem
Y el tiempo ya no será más un reloj
y el horror a caduco se filtrará por las paredes.

Yo, a los miedos, los combato con desorden.

Pero cada noche
sigo rezando
por la inmortalidad de las madres.


Escandar Algeet.  


TELAS

Las calles sudan sudores de verano
aunque la gente todavía
mordisquea sus bufandas.

Las almohadas saben lo que olvido
antes de que yo llegue a saberlo.

Los pañuelos de verdad
como los contratos que importan
nunca son de papel.
El foulard de seda o sucedáneo
que usé para atarte aquella noche
me amarra a ti desde entonces
y no recordaba que los nudos fueran tan consistentes.

La mortaja,
si aún se usa cuando muera
que me la escojan a lunares ni con rombos
y desde luego
prohíbo que lleve un estampado
con la esfinge cabezona y delatora
del jodido pollo piolín.

Seré vulgar y previsible al admitir
que siento celos de todos y cada uno
de tus tangas.
Y algunas noches lloro sin lágrimas
por aquel abrigo negro que acabé por regalar
porque me recordaba que nunca más cumpliré
los treinta años.

No es el metal lo que perdura
no es la roca
no es el árbol.
La historia de mis pasos
se escribe en las telas que me envuelven o acompañan
en la memoria cuadriculada
de sus telares
en la camisa que fue mi camisa de la suerte
en la loneta que forraba el sombrero salafkof
que me dejó por herencia
junto con la calvicie
mi abuelo antonio
en los miles de gorros de lana que he perdido
en las cortinas que olvido correr
cuando amanece
en las alfombras que algunas noches vuelan
y otras no
y
por supuesto
en tus sábanas.


Carlos Salem.


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