Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 11 de febrero de 2014

Esteban Gutiérrez Gómez: El colibrí blanco:

Me he leído esta novela de Esteban Gutiérrez Gómez, El colibrí blanco, en apenas un par de horas. Me interesa, y mucho, lo que se cuenta en ella, y cómo se cuenta (muy bien, por cierto). Una vez terminada su lectura, uno no puede dejar de pensar en la cantidad de vidas que se hubiesen podido salvar en la Guerra Civil, en cualquier guerra en realidad, si a alguien, de cualquiera de los dos bandos, se le hubiese ocurrido lo que al personaje en torno al cuál gira la trama. Y algo más, he pensado: Que debo cuidar más al colibrí blanco que llevo dentro, que todos llevamos dentro. Y no te digo más. Te dejo con un pasaje.



   CAMINABAN DESPACIO, Seoane unos metros por delante y el fantasma con los ojos vendados custodiado entre los guardias. A la primera demanda de explicación Seoane se revolvió y estrelló la culata del fusil en el rostro del preso. Los guardias le levantaron del suelo.
   Ni un ruido más, o te dejamos aquí mismo, dijo uno de ellos.
  Seoane encendió su puro y volvió a presidir el cortejo hasta perderse a las afueras del pueblo. Subieron la loma de la ermita y, cuando llegaron a ella, despidió a los números.
   Media vuelta, les dijo con una orden que sonó como un trallazo. A casita y sin hablar.
  Se quedó mirando como bajaban hacia las escasas luces que titilaban en el valle. Cuando dejó de escuchar las pisadas agarró del brazo al preso y le susurró algo en el oído por el que no sangraba. Siguieron subiendo hacia el pinar, caminando entre oscuridades que Seoane parecía conocer de memoria. Poco después un tiro sordo atravesó la noche. Al amanecer, con el cigarro encendido y la pala en la espalda, el Carnicero bajaba con las manos y el rostro cubiertos de polvo de la tierra negra del pinar. En sus ojos claros un reflejo metálico y duro se hacía visible cuando salió el sol.


Esteban Gutiérrez Gómez. El colibrí blanco. EH Editores, 2008. Prólogo de Esteban Gutiérrez Gómez. Ilustración de cubierta: Pilar Glez. García-Mier.


En las 88 páginas de esta historia, El exterminador de e-rratas, solo ha encontrado 3:

- (pág. 20)

MAL: con su inseparable purito en la camisura de la boca

BIEN: con su inseparable purito en la comisura de la boca

- (pág. 32)

MAL: Mire a Antonio.

BIEN: Miré a Antonio.

- (pág. 69)

MAL: no constado ni nombres ni descripciones físicas

BIEN: no constando ni nombres ni descripciones físicas



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