Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 18 de febrero de 2014

Alexander Drake: Ocho relatos de boxeo (1):

De Alexander Drake ya leí hace tiempo su novela La Transformación (2009) y su libro de relatos Vorágine (2012), obra ganadora del VII Premio Internacional Vivendia-Villiers de Relato. Llegan ahora estos Ocho relatos de boxeo, en Ediciones Lupercalia, editorial en la que pronto saldrá también Días de ruta, de Vicente Muñoz Álvarez.

De este libro, que aún no he podido leer, dice en la nota de prensa, y cito: 

Este libro nos ofrece diferentes historias; algunas extremadamente violentas; otras irónicas en su planteamiento pero sin duda trágicas en su desenlace; las hay que tras su lectura nos dejan una sensación de injusticia e impotencia, de miseria, de rencor y de sueños frustrados; pero existe un nexo de unión entre todas ellas. Todas son historias de boxeo. Historias teñidas de dolor y sangre. Historias enmarcadas en diferentes épocas y cuyos protagonistas tienen que sobrevivir en un mundo cruel y despiadado en donde las cosas rara vez son lo que parecen.

Te dejo con un pasaje de uno de los relatos, debajo de la cubierta.



SANGRE

Estaba furioso y enloquecido, peleaba como si llevara dos días sin comer. Sus ojos eran los de un perturbado o un asesino. Sacaba los puños con violencia una y otra vez. Su adversario se cubría subiendo la guardia y forzaba los desplazamientos intentando quitarse de encima a aquella bestia que no dejaba de atacar ni un solo segundo. En las primeras filas el público chillaba extasiado. El tiempo corría. Estaban al final del octavo round. El vencedor se llevaría el total de la bolsa. Era todo o nada. Simmons no dejaba de embestir buscando el golpe definitivo. "No volvería a aquel trabajo en la fábrica de montaje. Eso nunca. Antes mataría con mis propias manos al hombre que tengo delante", repetía insistentemente en su cabeza mientras arrinconaba a su rival contra las cuerdas y lo castigaba con golpes terribles.


Alexander Drake. Ocho relatos de boxeo. Ediciones Lupercalia, 2014.



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